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| Prólogo La guerra civil, hoy incivil para muchos historiadores, la perdimos todos. Buena prueba de esto son los testimonios que aparecen en este catálogo. Para los que llevamos ya unos años trabajando en este ámbito historiográfico es una gran satisfacción que nombres nuevos y otras perspectivas, contribuyan al conocimiento y reconocimiento de una etapa que se diluye en el tiempo. José MĒ Azkárraga se ha sumado a esta doble tarea de recuperación de una memoria, que se refiere tanto al interior como al exterior de España. Un exilio interior atenazado por el miedo y el silencio y un exilio exterior que se agota biológicamente sin apenas ser conocido por los jóvenes españoles. Y lo ha hecho desde la imagen, como corresponde a su tiempo, aunque existan ilustres precedentes tal como se muestra en la reciente exposición de Robert Capa en Madrid. Precisamente Capa había dicho "ante una guerra hay que odiar o amar a alguien, tomar partido, sin lo cual no se soporta lo que ahí ocurre". Y esta es la clave del trabajo de Azkárraga, porque no es simplemente un observador sino un informador comprometido. Ha tomado, hemos tomado, el partido de los perdedores, de los vejados y humillados, de aquella España que luchó democráticamente por la libertad y la justicia. Sobre todo por la justicia, porque ¿para qué la libertad, por bella que sea, si no hay pan, no hay educación, no hay trabajo?. Tenemos pues a los sesenta años del fin de aquella guerra, un brote de verdad, una primavera de rostros y palabras siempre jóvenes porque, como cantó Eugenio de Nora:
Y esto es lo que me hacen pensar estos rostros,
algunos bien conocidos y respetados, y estos testimonios. MĒ Fernanda Mancebo Alonso |