A
la memoria y el cariño de Sixto Luis
Agudo González (Blanco): Hablando
con Salvador, con Joan, o con otros amigos, hemos comentado
más de una vez que el trabajar en la recuperación
de la Memoria, da la oportunidad de conocer a personas maravillosas.
Sixto era una de esas personas.
Maribel lo conoció personalmente en Argelès-sur-Mer
en unas jornadas de homenaje a los exiliados. Ella volvió
contando lo extraordinario que era Sixto, y con el propósito
de que los demás miembros de “El Canto
del Búho” y la gente de Buñol lo
conociésemos.
Unos meses después en Corbera d’Ebre,
en el homenaje a las Brigadas Internacionales, coincidimos
con él y con parte de su familia y amigos, y pasamos
con ellos el mayor tiempo posible. Sixto tenía un
poder de atracción muy grande, era un octogenario
absolutamente lúcido, con una experiencia de lucha
política, ideológica y teórica impresionante,
lucha que mantenía –a pesar de sus años
y su enfermedad– sin rendirse.
Escuchar
a Sixto era un placer, era una fuente de datos y de conocimiento,
pero también debatir con él, porque él
escuchaba y dialogaba, firme y riguroso, esforzándose
por unificar criterios. Era un comunista por los cuatro
costados, valiente en su vida y en sus opiniones, leal y
sincero hasta la médula. Sixto defendía, sin
pelos en la lengua, sus principios y sus ganas de seguir
peleando por lo que él consideraba justo –entre
lo que destacaba la recuperación de la Memoria–
y lo hacía tan de corazón que lo contagiaba.
A partir de aquel día hablé muchas
veces con él, y estoy orgullosa de haber sido su
amiga, y de que me tratara con el cariño y la confianza
que se trata a los amigos, podíamos hablar de temas
políticos o personales con la misma naturalidad,
me contaba la relación con su amor y compañera
de siempre, Ángeles Blanco, o sus ilusiones, podíamos
reírnos juntos, y siempre tenía palabras de
ánimo y de ternura para mí.
Sixto vivía en Reus con su hijo Sebastián
e Inma, y también fuimos allí Carmen y yo
a pasar un día con ellos. Sixto nos quería
ayudar, y lo hizo, en la investigación sobre el XIV
Cuerpo de Ejército Guerrillero y sobre Peregrín
Pérez. Nos trataron como a parte de su familia y
quedamos en vernos la próxima vez en Buñol.
Porque Sixto estaba empeñado en conocer nuestro pueblo,
nos había dicho muchas veces las ganas que tenía
de venir, el respeto y la admiración que sentía
por un pueblo que él conocía por otros, por
la tradición combativa y la historia de sus camaradas.
Nos decía “a una charla... a lo que sea...
para lo que me queráis...”
Y era fácil organizar un acto en el que pudiera
intervenir Sixto: nacido en Torrijos (Toledo) en 1916; miembro
de las Juventudes Socialistas, y después de las Juventudes
Socialistas Unificadas; sindicalista; comandante durante
la guerra, pasó por varios campos de concentración
al terminar esta, hasta que escapo a Francia. Allí,
como miembro del comité central del PCE participó
activamente en la resistencia y también conoció
otra vez los campos de concentración. Volvió
a España a seguir su labor política en los
años 40 y lo detuvieron en Sevilla; condenado a muerte
y conmutada la pena por la de 30 años, estuvo en
la cárcel hasta el año 61; volvió a
Francia y regresó de nuevo a España en los
70; fue alcalde de Alcampell (Huesca), como lo había
sido su mujer; secretario de organización del PCA;
diputado en las Cortes de Aragón; autor de muchos
artículos y varios libros: “Por qué
se perdió la República”, Ed. unaLuna
ediciones, 2001; “En la resistencia francesa”,
Ed. Anúbar, 1985; “Memorias 1939-1962”,
Ed. Instituto de Estudios Altoaragoneses, 1991; “Memorias
1962-1996”, Ed. Institución Fernando el
Católico, 1998. Sixto estaba presente allá
donde se trabajara por la recuperación de nuestra
historia y el homenaje a los represeliados por el fascismo,
pero también seguía activo en las luchas del
momento, contra la guerra, o por la revitalización
de su comarca... ¡era incansable! Hubiera sido fácil
organizar ese acto en Buñol, podía
hablar de tantas cosas, y enseñar y compartir tanto...
Este año en la programación de los
actos de “El Canto del Búho” estaba prevista
una mesa redonda con la participación de Sixto. Él
no ha llegado a saberlo, a veces uno se deja llevar por
el trabajo, y se ciega por el trajín diario, por
lo más inmediato, y posterga charlas o visitas a
los amigos que nos son necesarias, la charla y la visita
a Sixto se iba trasladando en la agenda para cuando hubiese
un poco más de tiempo. ¡Cuánto lo lamento!
Yo ya no veré ni oiré a Sixto. Sixto ya no
vendrá a Buñol, y lo siento profundamente,
por él, porque no le hemos dado una de sus ilusiones,
por nosotros que no lo hemos disfrutado, y por la gente
de Buñol que se ha quedado sin el regalo
de conocerlo.
M. R. Pérez Núñez.
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