Avisos y mensajes.

“Los Rojos Españoles”.
M. R. Pérez Núñez. (Agosto 2004)

24 de agosto. Los Rojos Españoles.

 El 26 de enero de 1939 los fascistas ocuparon Barcelona, y el 4 de febrero Gerona. La caída de Cataluña produjo la mayor avalancha de españoles obligados al exilio: en menos de de dos semanas cerca de medio millón de personas, entre las que habían 75.000 niños, 35.000 ancianos y 15.000 heridos.

 Después de tres años de guerra, ¡perdida!, tuvieron que dejar su país. Dejaron atrás, todo lo deprisa que podían, huyendo, desarrapados, con hambre y con lágrimas, desorganizados y abatidos, pero con toda la dignidad del mundo, a gente a la que querían, a vivos y a muertos. Dejaron sus casas y sus cosas, sus paisajes, su tierra. Dejaron el esfuerzo, la ilusión y la esperanza de tres años en sus vidas peleando contra el fascismo de Franco, nazis alemanes y fascistas italianos. Tres años en los que el centro de sus vidas fue defender una República que se habían ganado a pulso y en la que creían. De manera más o menos consciente, más o menos voluntaria, con más o menos pasión y lucidez, pero aguantando el tipo tres años, todos (de impresentables como Casado y cía, no vale la pena ahora hablar). Tres años de muchísimos sufrimientos, con muchas tragedias, con pena, con miedo y con muchas amarguras; pero también de fuerza, de valor, de integridad y de tesón, que marcarían sus vidas para siempre. Todo lo dejaron atrás cruzando una raya, marcada o no en el suelo. Unos con parte de sus familias, otros solos, otros perdidos, y todos, sin saber si algún día podrían regresar, si podrían volver a ver, a tocar, a sentir su gente y su tierra, heridos en su sentimientos, y arrancados de sus raíces con la mayor de las crueldades.

 Fueron los primeros europeos en plantarle cara al fascismo, ¡y de qué manera!. España, el país "atrasado, inculto y pobre" de Europa, sus españolitos, dieron un ejemplo que ojalá hubiesen aprendido el resto de países europeos. Se merecían la mejor y más calida de las acogidas, llevaban todo su pasado con ellos, en sus cabezas y sus corazones, - por todo equipaje material quizás una manta, una maleta o un fardo-, el pasado de toda su vida, y el de los tres años de resistencia. Se les debía el respeto, el aplauso y el cariño de toda Europa.

 Lo que los españoles encontraron al otro lado, lo que el gobierno francés -que no su pueblo- les ofreció cuando se vio obligado a abrir las fronteras (miles de ancianos, heridos, mujeres y niños llevaban días y noches en enero, en el pirineo esperando  aglomerados en los puestos fronterizos) fue, después de desarmarlos, fichar a los cuadros políticos y separar a la familias, encerrarlos en improvisados campos de concentración. A una pequeña minoría de niños, mujeres y ancianos los llevaron a albergues y refugios, al resto los dividieron por campos de concentración que fueron multiplicando por todo el sur de Francia (en el de Saint-Cyprien llegaron a hacinar a 90.000 personas). Campos alambrados con púas, sin ninguna protección a un frío inmenso, hambre, sed,  miseria, sin ninguna condición sanitaria ni siquiera higiénica, y ser ¡vigilados! por tiradores senegaleses; ¡castigos, celdas de aislamiento, y  campos especiales y centros de internamiento para los más "peligrosos"!…, todo con la única y nada improvisada intención de humillarlos, despojarlos de lo que les quedaba y acabar de aplastarlos o que volvieran a su país.  Habían sido obligados a huir, pero seguían siendo rojos, y la política del gobierno francés era absolutamente pusilánime y capitulacionista ante el nazismo. Lo llevaban demostrando desde 1936 con la política de no intervención.

 Pocos tiempo después, a los que aún sobrevivían y resistían en los campos, a los que no habían muerto o regresado a España, el gobierno francés les dio a elegir “voluntariamente” entre alistarse a la Legión Extranjera o volver a España, y poquito más tarde una tercera opción también muy “generosa”: que engrosaran las Compañías de Trabajadores Extranjeros, unidades militarizadas a las ordenes de oficiales franceses. Muchos de ellos se negaron a aceptar tal disyuntiva (el PCE, y otros rojos); también los hubo que se fugaron (muchas veces ayudados por la población francesa), o que salieron para trabajar en empresas de la región, y otros se enrolaron “voluntariamente” en unidades del ejército francés. En junio de 1940, cuando se firmó el armisticio, ya habían muerto 6.000 españoles y 14.000 cogidos prisioneros, y eran muchos miles los que permanecían encerrados en los campos (sólo en el de Argelès había mas de 15.000 personas, de las que 5.000 eran mujeres y niños); Además se intensificó la política de los campos de castigo, las deportaciones a Alemania y las entregas a Franco. Y por decreto se obligó a los hombres entre 20 y 48 años a trabajos relacionados con la guerra. Se  calcula que más de 100.000 españoles trabajaban dependiendo del Ministerio de la Guerra. En la zona “libre” se crearon los Grupos de Trabajadores Extranjeros para hombres de entre 18 y 55 años (sin derecho a salario, solo con una prima de rendimiento), más de 30.000 españoles pasaron por ellos.

 Cuando los nazis mandaron a tomar viento la “grandeur” ocupando toda la France, después de que el fascista Petain les hiciese el juego, los españoles llevaban ya años organizando la resistencia. ¡Otra vez, otra vez! No era su país, pero lo tenían clarito, tan clarito como que la guerra de España había sido prólogo de la que estaban viviendo, tan clarito como lo tuvieron los miembros de las Brigadas Internacionales que vinieron a defender nuestra República. Lo españoles tenían mucha experiencia, y sí, ¡seguían siendo rojos!

 Los rojos españoles ya habían empezado la resistencia en Francia en 1940 entonces ya funcionaban redes de evasión (montadas la mayoría por los anarquistas), como la Ponzán, y en el Alto Vienne ya funcionaba un grupo de sabotaje mandado por el comunista Armando Castillo, también en la Alta Saboya habían núcleos de guerrilleros. El PCE impulsó la formación de Unión Nacional española en 1941, y ya empiezan a organizarse y extenderse los sabotajes, y a preparar una oposición rotunda a la orden de ir a trabajar a Alemania. Al año siguiente ya hay propaganda en la resistencia de forma organizada y regular (“Reconquista de España”, entre otros). En abril de 1942 el PCE creó el XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles. Su primer núcleo se formó con comisarios y oficiales del cuerpo que con el mismo nombre se había hecho famoso en la guerra de España. (También había entre ellos varios buñoleros: Enrique Corachán, Vicente Galarza, Hipólito Sánchez…y en la resistencia de la zona ocupada también alguna buñolera).Sus objetivos fueron sobre todo líneas de ferrocarril y trenes, embarcaciones, minas, conducciones eléctrica, facilitar el paso a España de evacuados, centros de la GESTAPO, y de la Milicia y destacamentos alemanes, etc.

 Antes de 1943 las organizaciones de guerrilleros españoles estaban sólidamente implantadas en casi toda la zona libre, tenían incluso sus propias escuelas, y fue creciendo su importancia a pesar de la durísima represión que sufrieron. Comunistas, anarquistas, socialistas, republicanos… los rojos españoles seguían siendo el ejemplo a seguir. Ellos sirvieron después, entre otras cosas por su experiencia, como instructores de los franceses que se iban incorporando a la lucha. El pueblo francés cada vez de forma más organizada y masiva iba entrando en la resistencia e iba dando su apoyo a los españoles. Las demandas crecientes de trabajadores por parte de los alemanes ya eran contestadas con huelgas, con enfrentamientos a la policía francesa y con el aumento de maquis en los montes. En septiembre de 1943 el XIV Cuerpo de Guerrilleros se incorporó a los FTP (Francotiradores y Partisanos) de la MOI (Mano de Obra Inmigrada), pero conservando su independencia. Cada departamento francés tenía ya su propia Brigada de guerrilleros, apoyada por los resistentes con enlaces, puntos de información y suministro, redes de transporte de propaganda, armas y personas....

 En 1944 los guerrilleros pasaron a formar parte de las FFI (Fuerzas Francesas del Interior), bajo las órdenes de Ravanel y Carrel. El XIV Cuerpo se transformó en AGE (Agrupación de Guerrilleros Españoles de la UNE) y  puso sus 10.000 hombres a actuar al lado y en contacto con los Francotiradores y Partisanos Franceses y con las FFI, pero siguió conservando su autonomía. Algo después también se creó la ADE (Alianza Democrática Española, integrada sobretodo por anarquistas, y socialistas)  La actuación de los guerrilleros españoles en el sur de Francia fue decisiva. En el verano de 1944 los guerrilleros de AGE atacaron y atenazaron convoyes alemanes y liberaron varios pueblos y ciudades, incluida Foix el 19 de agosto, que era el cuartel general nazi en la zona.

 El 23 de agosto la 3º División Española mandada por el comandante Cristino García (también comunista del XIV Cuerpo de Ejército y asesinado más tarde en España por Franco) interceptó una columna alemana. Fueron los de la 21 brigada, dinamiteros (con mujeres entre ellos) mandados por Gabriel Pérez, tomaron un cruce de carreteras y un puente de ferrocarril que saltó por los aires al acercarse los tanques y los 60 camiones alemanes; las minas le cortaron la retirada. El parte de guerra decía: “32 guerrilleros españoles apoyados por cuatro franceses, después de haber volado el puente y cortado la carretera en el lugar conocido como La Madeleine, libran combate contra 1.500 alemanes. Después de tres horas de lucha, la columna enemiga se rinde, dejando más de mil prisioneros en nuestras manos y 300 muertos y heridos. Nuestros guerrilleros han tenido 3 heridos” El comandante alemán que la mandaba se suicidó.

 Muchos fueron los hechos memorables de los españoles, muchos y muy importantes, como la liberación de Cahors por el batallón anarquista “Libertad”, o la gran participación de españoles en la liberación de Toulouse. Después del éxito en Provenza y en Normandía los guerrilleros españoles junto a las FFI lograron que la zona pirenaica se liberara, sin necesidad de ninguna intervención aliada, en una semana. Los guerrilleros españoles hicieron unos 12.000 prisioneros alemanes, estuvieron inmersos hasta las cejas en la resistencia francesa, pero pensando también en España, y en muchos casos preparándose para volver.

 En París había empezado la sublevación el 18 de agosto a la orden de Henri Rol-Tanguy con: “Aux armes citoyens”. Había allí 4.000 españoles, peleando hasta dejar su vida -como José Barón “Robert” miembro de la JSU y comisario de la 31 División en la guerra de España-,  atacando a los alemanes en la plaza de la Concordia. También en la Opera, en el hotel Majestic, en los jardines de Luxemburgo, en la Escuela Militar…  Aquello aceleró a Leclerc que urgió al mando a socorrer París, -los aliados dudaban, los americanos preferían evitar los combates callejeros-, y el 21 envío un destacamento obligando a los americanos a decidirse.

 El 3° Regimiento de Marcha del Chad, formaba parte de la 2ª División blindada de Leclerc, los españoles componían casi todo el 3º Batallón.  De este batallón salió la 9ª compañía compuesta casi toda por anarquistas españoles. La mandaba el capitán Dronne y tenía como adjunto al teniente Amadeo Granell; unos 120 hombres y 22 blindados, la Nueve venían acompañando a Leclerc desde las batallas de África. La Nueve y su 501 Regimiento de carros de combate había salido a las 7 horas de Limours, después de varios enfrentamientos con los alemanes encontrados en su itinerario, de una orden de regreso y una contraorden de Leclerc, a las 20:45 están en la Puerta de Italia. La columna se ve frenada por la gente que empieza a aclamarlos, son parte del ejército francés, la avanzadilla de los aliados, sus vehículos llevan nombres de batallas españolas: Guadalajara, Teruel, Ebro, Madrid, Guernica, Santander, Brunete… Van ondeando banderas republicanas, la bandera de su país, y gritando: “¡Somos rojos españoles!”. Resuelven dirigirse al Hotel de Ville y el motorista armenio Dikran les va marcando el camino. A las 21,22 están frente al hotel. Se despliegan para prevenir un contraataque, la gente empieza a  invadirlo todo, a gritar y abrazar a los soldados. Pronto se oye la Marsellesa y todas las campanas de París. Los españoles tomaron el Hôtel-de-Ville donde se instaló el Consejo Nacional de la Resistencia quedando al mando de los hombres que lo defendían el teniente valenciano Amado Granell. También participaron en el ataque al Cuartel General de la GESTAPO, Pacheco fue el primero en ocuparlo con sus hombres. Dos días después cuando De Gaulle desfilaba por los Campos Elíseos los carros que le escoltaban también eran conducidos por españoles.

 El combate de los españoles en Francia fue mucho más difícil que el de los propios franceses. Al principio ya fue difícil simplemente sobrevivir, lo lograron gracias a la firmeza y la perseverancia, a la solidaridad entre los propios españoles, y poco a poco pero en aumento del pueblo francés. Gracias a la camaradería colectiva que puso en marcha recursos de todo tipo. Pero sufrieron persecuciones, campos de castigo y cárceles. Muchas veces huyendo o con identidades falsas. Sin más armas -hasta después del desembarco- de las que consiguieron  por sus propios medios por sabotajes, asaltando gendarmerías o a los propios alemanes. Sin dinero y con el único apoyo propio y de los trabajadores franceses; sólo al final recibieron ayuda económica de las FFI. No eran parecidas sus condiciones a las de ejército francés, y mucho menos a las del americano.

 A los prisioneros españoles, hechos en los campos de batalla, o detenidos y entregados por las autoridades francesas a los alemanes se les negó la condición de prisionero de guerra, se les clasificó como rotspanienkämpfer: rojos españoles combatientes, y prisioneros políticos de la Gestapo. Muchos murieron en los interrogatorios de la Gestapo (como Antonio Buitrago comunista y comandante del XIV Cuerpo de Guerrilleros) y al menos 12.000 fueron deportados a los campos de exterminio nazis (también a un buñolero -que sepamos- lo mataron allí, en Gusen: Virgilio Más, comunista del XIV Cuerpo de Ejército de Guerrilleros). Por cierto, cuando el 5 de mayo llegó una avanzadilla del ejército americano a Mauthausen -los internos ya habían liberado el campo-  se encontraron con una pancarta en la que ponía: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. La fotografío Francisco Boix, comunista, que con la ayuda de otros compañeros escondió y puco sacar del campo clichés que luego sirvieron como prueba de los crímenes nazis.

 Mas de 10.000 guerrilleros españoles bajo la dirección del Estado Mayor de la Agrupación participaron en la liberación de la zona libre, sin contar los miles que lucharon en la zona norte, ni los encuadrados en los maquis franceses, ni los resistentes que prestaron servicios de información, documentación, puntos de apoyo, depósitos de material. Más de 20.000 españoles participaron en los combates de la liberación de Francia en las filas de las FFI. Unos 60.000 en la resistencia. Muchísimos se quedaron allí. En los monumentos a los resistentes sus nombres se mezclan con los de los antifascistas franceses… Centenares de jefes, oficiales y guerrilleros españoles fueron condecorados por el gobierno francés.

 Fueron muchas las alabanzas que recibieron y la merecidísima fama de valientes, firmes y experimentados. Dice Rol-Tanguy: “en más de 50 departamentos, desde los Pirineos hasta la Bretaña, del Mediodía y de la Provence, desde el valle del Ródano hasta los Alpes, del Jura y del Saboya, desde el Macizo Central hasta la Normandía y en la región de París, los combatientes españoles formaron valerosas unidades de la resistencia francesa. No hay una gran ciudad en esos departamentos, y en primer lugar en París, que no tenga una deuda de reconocimiento hacia esos hijos y esas hijas de España. Sus nombres están  unidos a la resistencia y a la liberación de Toulouse y Burdeos, Nantes, Rennes, Saint-Étienne, Lyon y Grenoble, Marsella y otras muchas ciudades en las que España estaba presente con sus mejores hijos.”

 Desde el principio de la segunda guerra mundial hubo españoles combatiendo el fascismo, dejándose la vida con la Legión Extranjera en Noruega (en el cementerio de Narvik el 90% de las tumbas tienen apellidos españoles), o en África donde por cierto el trato que recibieron en el norte de África por las autoridades coloniales fue parecido cuando no peor al de Francia. En los Regimientos de Trabajadores Extranjeros los españoles fueron llevados a las puertas del desierto a construir el ferrocarril; tuvieron sus campos especiales de represión y sus torturas y castigos. El gobierno de Vichy se cebó especialmente en los años 41 y 42 con los comunistas -por ayudar a sus camaradas argelinos- con condenas a muerte y a trabajos forzados. Los españoles participaron las batallas de  Bir-Hakeim, Tobruk, Alamein, Tunez, en Gabón, Kufra y el Fezzan, y después del desembarco aliado la mayoría fueron reenviados a Europa. Cuando por la rendición de Bélgica los alemanes acorralaron a los aliados, los ingleses organizaron la operación Dynamo que rescató a 300.000 hombres; 20.000 españoles cubrieron su retirada y ellos fueron los últimos en abandonar el puerto, 2.000 consiguieron llegar a Inglaterra, donde también los encerraron en campos de concentración. Francia por su parte envió a unos 40.000 españoles a realizar trabajos forzados a Alemania. Unos 26.000 españoles fueron para la organización alemana Todt a construir bases submarinas y fortificaciones en el Atlántico. A la URSS fueron sin contar los niños refugiados unos 3.500 españoles. Mas de setenta fueron condecorados a título póstumo, algunos como héroes de la Unión Soviética, y muchos otros en vida, los españoles combatieron en la aviación y en las unidades guerrilleras, a una compañía de españoles, la 4ª, mandada por Peregrín Pérez (otro buñolero) se le confió la defensa de la plaza Roja en 1941, estuvieron en Leningrado, Stalingrado y en el Cáucaso.  Lucharon en  Yugoeslavia. Hubo españoles en los desembarcos de Italia y en la Provenza francesa, en Córcega, Montecassino, Toulon, Avignon, Montelimar, Las Cébense… y llegaron a  Estrasburgo, a los Vosgos, y a la toma de Commar y a  Berlín.

 Los rojos españoles dieron mucho de sí. A ver quién podía dudar de que se hubiesen ganado el Estatuto de refugiado político que les concedió Francia el 15 de marzo de 1945 para todos aquellos que habían tenido que huir de la España franquista. Pero ellos esperaban algo más. Muchos de ellos habían vuelto o iban a volver poco después a España a seguir la guerrilla. Esperaban que la caída del fascismo internacional (a la que tanto ellos habían contribuido) arrastrara a Franco, que las potencias occidentales les ayudaran. Pero otra vez les volvieron la espalda con la misma criminal hipocresía que en 1936. Franco era para ellos menos peligroso que los rojos y acabaron incorporándolo a las Naciones Unidas. (De paso también en los 50 los franceses volvieron a ilegalizar y a expulsar a los comunistas, por ejemplo, a Argelia).

 Hoy viendo en la tele las imágenes de estos españoles,  y mirando luego sus fotos una no puede evitar un estremecimiento. Tienen tanta luz, esperanza y vida en sus ojos y en sus caras que siguen absolutamente vivos, aunque la mayoría desapareciese hace años. Ese “ejército de alpargatas”, esa cuadrilla de rojos, a veces sucios y mal afeitados, siempre provoca emoción y una sonrisa de orgullo solidario, de admiración y de cariño porque fueron ejército de alpargatas ¡¿y qué?! pero con un par de cojones.

 En Francia después de la celebración del desembarco de Normandía, con un olvido y desprecio absoluto hacia los españoles (que también estuvieron allí), esta vez,  en la liberación de París era imposible negar su presencia. Esta semana estarán presentes en sus celebraciones, y exposiciones, como lo están en sus monumentos desde hace 60 años (en España ni eso, después de casi 29 años de la muerte de Franco, incluso todavía quedan símbolos fascistas).En Francia hay más fiesta y más parafernalia, pero el reconocimiento sigue siendo muy cortito y sobre todo muy sesgado. Se les olvida gran parte de la historia, justito la más sustanciosa para nosotros.

 Emociona aún así ver su recuerdo, y ver a los poquitos que quedan vivos disfrutándolo. Pero la máxima representación española es el presidente del Senado. ¿Ese es el papel que tiene que representar España en la nueva Europa? Presidentes de Francia o de Alemania; de España el presidente de la cámara menos representativa “y gracias”. Los españoles de comparsa, y  para decorar alguno de los supervivientes (por cierto, a Carmen Casas la cortan descaradamente en el canal 9 cuando quiere reivindicar la memoria en su país). No van a ser franceses ni alemanes los que le den a España en Europa el trato de igualdad y el sitio que se merece. Nunca lo han hecho totalmente, pero hace 60 años los rojos españoles ya se lo ganaron a pulso. A ver si algunos van teniendo un poco más de vergüenza y van aprendiendo de su propia historia. Y de paso empiezan también por aplicárselo en su propia casa, que llevan unos cuántos años de retraso, hasta de parafernalias..

M. R. Pérez Núñez

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