24
de agosto. Los Rojos Españoles.
El 26 de enero de 1939 los fascistas ocuparon Barcelona,
y el 4 de febrero Gerona. La caída de Cataluña
produjo la mayor avalancha de españoles obligados
al exilio: en menos de de dos semanas cerca de medio millón
de personas, entre las que habían 75.000 niños,
35.000 ancianos y 15.000 heridos.
Después de tres años de guerra, ¡perdida!,
tuvieron que dejar su país. Dejaron atrás,
todo lo deprisa que podían, huyendo, desarrapados,
con hambre y con lágrimas, desorganizados y abatidos,
pero con toda la dignidad del mundo, a gente a la que querían,
a vivos y a muertos. Dejaron sus casas y sus cosas, sus
paisajes, su tierra. Dejaron el esfuerzo, la ilusión
y la esperanza de tres años en sus vidas peleando
contra el fascismo de Franco, nazis alemanes y fascistas
italianos. Tres años en los que el centro de sus
vidas fue defender una República que se habían
ganado a pulso y en la que creían. De manera más
o menos consciente, más o menos voluntaria, con más
o menos pasión y lucidez, pero aguantando el tipo
tres años, todos (de impresentables como Casado y
cía, no vale la pena ahora hablar). Tres años
de muchísimos sufrimientos, con muchas tragedias,
con pena, con miedo y con muchas amarguras; pero también
de fuerza, de valor, de integridad y de tesón, que
marcarían sus vidas para siempre. Todo lo dejaron
atrás cruzando una raya, marcada o no en el suelo.
Unos con parte de sus familias, otros solos, otros perdidos,
y todos, sin saber si algún día podrían
regresar, si podrían volver a ver, a tocar, a sentir
su gente y su tierra, heridos en su sentimientos, y arrancados
de sus raíces con la mayor de las crueldades.
Fueron los primeros europeos en plantarle cara al
fascismo, ¡y de qué manera!. España,
el país "atrasado, inculto y pobre" de
Europa, sus españolitos, dieron un ejemplo que ojalá
hubiesen aprendido el resto de países europeos. Se
merecían la mejor y más calida de las acogidas,
llevaban todo su pasado con ellos, en sus cabezas y sus
corazones, - por todo equipaje material quizás una
manta, una maleta o un fardo-, el pasado de toda su vida,
y el de los tres años de resistencia. Se les debía
el respeto, el aplauso y el cariño de toda Europa.
Lo que los españoles encontraron al otro lado,
lo que el gobierno francés -que no su pueblo- les
ofreció cuando se vio obligado a abrir las fronteras
(miles de ancianos, heridos, mujeres y niños llevaban
días y noches en enero, en el pirineo esperando
aglomerados en los puestos fronterizos) fue, después
de desarmarlos, fichar a los cuadros políticos y
separar a la familias, encerrarlos en improvisados campos
de concentración. A una pequeña minoría
de niños, mujeres y ancianos los llevaron a albergues
y refugios, al resto los dividieron por campos de concentración
que fueron multiplicando por todo el sur de Francia (en
el de Saint-Cyprien llegaron a hacinar a 90.000 personas).
Campos alambrados con púas, sin ninguna protección
a un frío inmenso, hambre, sed, miseria, sin
ninguna condición sanitaria ni siquiera higiénica,
y ser ¡vigilados! por tiradores senegaleses; ¡castigos,
celdas de aislamiento, y campos especiales y centros
de internamiento para los más "peligrosos"!…,
todo con la única y nada improvisada intención
de humillarlos, despojarlos de lo que les quedaba y acabar
de aplastarlos o que volvieran a su país. Habían
sido obligados a huir, pero seguían siendo rojos,
y la política del gobierno francés era absolutamente
pusilánime y capitulacionista ante el nazismo. Lo
llevaban demostrando desde 1936 con la política de
no intervención.
Pocos tiempo después, a los que aún
sobrevivían y resistían en los campos, a los
que no habían muerto o regresado a España,
el gobierno francés les dio a elegir “voluntariamente”
entre alistarse a la Legión Extranjera o volver a
España, y poquito más tarde una tercera opción
también muy “generosa”: que engrosaran
las Compañías de Trabajadores Extranjeros,
unidades militarizadas a las ordenes de oficiales franceses.
Muchos de ellos se negaron a aceptar tal disyuntiva (el
PCE, y otros rojos); también los hubo que se fugaron
(muchas veces ayudados por la población francesa),
o que salieron para trabajar en empresas de la región,
y otros se enrolaron “voluntariamente” en unidades
del ejército francés. En junio de 1940, cuando
se firmó el armisticio, ya habían muerto 6.000
españoles y 14.000 cogidos prisioneros, y eran muchos
miles los que permanecían encerrados en los campos
(sólo en el de Argelès había mas de
15.000 personas, de las que 5.000 eran mujeres y niños);
Además se intensificó la política de
los campos de castigo, las deportaciones a Alemania y las
entregas a Franco. Y por decreto se obligó a los
hombres entre 20 y 48 años a trabajos relacionados
con la guerra. Se calcula que más de 100.000
españoles trabajaban dependiendo del Ministerio de
la Guerra. En la zona “libre” se crearon los
Grupos de Trabajadores Extranjeros para hombres de entre
18 y 55 años (sin derecho a salario, solo con una
prima de rendimiento), más de 30.000 españoles
pasaron por ellos.
Cuando los nazis mandaron a tomar viento la “grandeur”
ocupando toda la France, después de que el fascista
Petain les hiciese el juego, los españoles llevaban
ya años organizando la resistencia. ¡Otra vez,
otra vez! No era su país, pero lo tenían clarito,
tan clarito como que la guerra de España había
sido prólogo de la que estaban viviendo, tan clarito
como lo tuvieron los miembros de las Brigadas Internacionales
que vinieron a defender nuestra República. Lo españoles
tenían mucha experiencia, y sí, ¡seguían
siendo rojos!
Los rojos españoles ya habían empezado
la resistencia en Francia en 1940 entonces ya funcionaban
redes de evasión (montadas la mayoría por
los anarquistas), como la Ponzán, y en el Alto Vienne
ya funcionaba un grupo de sabotaje mandado por el comunista
Armando Castillo, también en la Alta Saboya habían
núcleos de guerrilleros. El PCE impulsó la
formación de Unión Nacional española
en 1941, y ya empiezan a organizarse y extenderse los sabotajes,
y a preparar una oposición rotunda a la orden de
ir a trabajar a Alemania. Al año siguiente ya hay
propaganda en la resistencia de forma organizada y regular
(“Reconquista de España”, entre otros).
En abril de 1942 el PCE creó el XIV Cuerpo de Guerrilleros
Españoles. Su primer núcleo se formó
con comisarios y oficiales del cuerpo que con el mismo nombre
se había hecho famoso en la guerra de España.
(También había entre ellos varios buñoleros:
Enrique Corachán, Vicente Galarza, Hipólito
Sánchez…y en la resistencia de la zona ocupada
también alguna buñolera).Sus objetivos fueron
sobre todo líneas de ferrocarril y trenes, embarcaciones,
minas, conducciones eléctrica, facilitar el paso
a España de evacuados, centros de la GESTAPO, y de
la Milicia y destacamentos alemanes, etc.
Antes de 1943 las organizaciones de guerrilleros
españoles estaban sólidamente implantadas
en casi toda la zona libre, tenían incluso sus propias
escuelas, y fue creciendo su importancia a pesar de la durísima
represión que sufrieron. Comunistas, anarquistas,
socialistas, republicanos… los rojos españoles
seguían siendo el ejemplo a seguir. Ellos sirvieron
después, entre otras cosas por su experiencia, como
instructores de los franceses que se iban incorporando a
la lucha. El pueblo francés cada vez de forma más
organizada y masiva iba entrando en la resistencia e iba
dando su apoyo a los españoles. Las demandas crecientes
de trabajadores por parte de los alemanes ya eran contestadas
con huelgas, con enfrentamientos a la policía francesa
y con el aumento de maquis en los montes. En septiembre
de 1943 el XIV Cuerpo de Guerrilleros se incorporó
a los FTP (Francotiradores y Partisanos) de la MOI (Mano
de Obra Inmigrada), pero conservando su independencia. Cada
departamento francés tenía ya su propia Brigada
de guerrilleros, apoyada por los resistentes con enlaces,
puntos de información y suministro, redes de transporte
de propaganda, armas y personas....
En 1944 los guerrilleros pasaron a formar parte de
las FFI (Fuerzas Francesas del Interior), bajo las órdenes
de Ravanel y Carrel. El XIV Cuerpo se transformó
en AGE (Agrupación de Guerrilleros Españoles
de la UNE) y puso sus 10.000 hombres a actuar al lado
y en contacto con los Francotiradores y Partisanos Franceses
y con las FFI, pero siguió conservando su autonomía.
Algo después también se creó la ADE
(Alianza Democrática Española, integrada sobretodo
por anarquistas, y socialistas) La actuación
de los guerrilleros españoles en el sur de Francia
fue decisiva. En el verano de 1944 los guerrilleros de AGE
atacaron y atenazaron convoyes alemanes y liberaron varios
pueblos y ciudades, incluida Foix el 19 de agosto, que era
el cuartel general nazi en la zona.
El 23 de agosto la 3º División Española
mandada por el comandante Cristino García (también
comunista del XIV Cuerpo de Ejército y asesinado
más tarde en España por Franco) interceptó
una columna alemana. Fueron los de la 21 brigada, dinamiteros
(con mujeres entre ellos) mandados por Gabriel Pérez,
tomaron un cruce de carreteras y un puente de ferrocarril
que saltó por los aires al acercarse los tanques
y los 60 camiones alemanes; las minas le cortaron la retirada.
El parte de guerra decía: “32 guerrilleros
españoles apoyados por cuatro franceses, después
de haber volado el puente y cortado la carretera en el lugar
conocido como La Madeleine, libran combate contra 1.500
alemanes. Después de tres horas de lucha, la columna
enemiga se rinde, dejando más de mil prisioneros
en nuestras manos y 300 muertos y heridos. Nuestros guerrilleros
han tenido 3 heridos” El comandante alemán
que la mandaba se suicidó.
Muchos fueron los hechos memorables de los españoles,
muchos y muy importantes, como la liberación de Cahors
por el batallón anarquista “Libertad”,
o la gran participación de españoles en la
liberación de Toulouse. Después del éxito
en Provenza y en Normandía los guerrilleros españoles
junto a las FFI lograron que la zona pirenaica se liberara,
sin necesidad de ninguna intervención aliada, en
una semana. Los guerrilleros españoles hicieron unos
12.000 prisioneros alemanes, estuvieron inmersos hasta las
cejas en la resistencia francesa, pero pensando también
en España, y en muchos casos preparándose
para volver.
En París había empezado la sublevación
el 18 de agosto a la orden de Henri Rol-Tanguy con: “Aux
armes citoyens”. Había allí 4.000 españoles,
peleando hasta dejar su vida -como José Barón
“Robert” miembro de la JSU y comisario de la
31 División en la guerra de España-, atacando
a los alemanes en la plaza de la Concordia. También
en la Opera, en el hotel Majestic, en los jardines de Luxemburgo,
en la Escuela Militar… Aquello aceleró
a Leclerc que urgió al mando a socorrer París,
-los aliados dudaban, los americanos preferían evitar
los combates callejeros-, y el 21 envío un destacamento
obligando a los americanos a decidirse.
El 3° Regimiento de Marcha del Chad, formaba
parte de la 2ª División blindada de Leclerc, los
españoles componían casi todo el 3º Batallón.
De este batallón salió la 9ª compañía
compuesta casi toda por anarquistas españoles. La
mandaba el capitán Dronne y tenía como adjunto
al teniente Amadeo Granell; unos 120 hombres y 22 blindados,
la Nueve venían acompañando a Leclerc desde
las batallas de África. La Nueve y su 501 Regimiento
de carros de combate había salido a las 7 horas de
Limours, después de varios enfrentamientos con los
alemanes encontrados en su itinerario, de una orden de regreso
y una contraorden de Leclerc, a las 20:45 están en
la Puerta de Italia. La columna se ve frenada por la gente
que empieza a aclamarlos, son parte del ejército
francés, la avanzadilla de los aliados, sus vehículos
llevan nombres de batallas españolas: Guadalajara,
Teruel, Ebro, Madrid, Guernica, Santander, Brunete…
Van ondeando banderas republicanas, la bandera de su país,
y gritando: “¡Somos rojos españoles!”.
Resuelven dirigirse al Hotel de Ville y el motorista armenio
Dikran les va marcando el camino. A las 21,22 están
frente al hotel. Se despliegan para prevenir un contraataque,
la gente empieza a invadirlo todo, a gritar y abrazar
a los soldados. Pronto se oye la Marsellesa y todas las
campanas de París. Los españoles tomaron el
Hôtel-de-Ville donde se instaló el Consejo
Nacional de la Resistencia quedando al mando de los hombres
que lo defendían el teniente valenciano Amado Granell.
También participaron en el ataque al Cuartel General
de la GESTAPO, Pacheco fue el primero en ocuparlo con sus
hombres. Dos días después cuando De Gaulle
desfilaba por los Campos Elíseos los carros que le
escoltaban también eran conducidos por españoles.
El combate de los españoles en Francia fue
mucho más difícil que el de los propios franceses.
Al principio ya fue difícil simplemente sobrevivir,
lo lograron gracias a la firmeza y la perseverancia, a la
solidaridad entre los propios españoles, y poco a
poco pero en aumento del pueblo francés. Gracias
a la camaradería colectiva que puso en marcha recursos
de todo tipo. Pero sufrieron persecuciones, campos de castigo
y cárceles. Muchas veces huyendo o con identidades
falsas. Sin más armas -hasta después del desembarco-
de las que consiguieron por sus propios medios por
sabotajes, asaltando gendarmerías o a los propios
alemanes. Sin dinero y con el único apoyo propio
y de los trabajadores franceses; sólo al final recibieron
ayuda económica de las FFI. No eran parecidas sus
condiciones a las de ejército francés, y mucho
menos a las del americano.
A los prisioneros españoles, hechos en los
campos de batalla, o detenidos y entregados por las autoridades
francesas a los alemanes se les negó la condición
de prisionero de guerra, se les clasificó como rotspanienkämpfer:
rojos españoles combatientes, y prisioneros políticos
de la Gestapo. Muchos murieron en los interrogatorios de
la Gestapo (como Antonio Buitrago comunista y comandante
del XIV Cuerpo de Guerrilleros) y al menos 12.000 fueron
deportados a los campos de exterminio nazis (también
a un buñolero -que sepamos- lo mataron allí,
en Gusen: Virgilio Más, comunista del XIV Cuerpo
de Ejército de Guerrilleros). Por cierto, cuando
el 5 de mayo llegó una avanzadilla del ejército
americano a Mauthausen -los internos ya habían liberado
el campo- se encontraron con una pancarta en la que
ponía: “Los españoles antifascistas
saludan a las fuerzas liberadoras”. La fotografío
Francisco Boix, comunista, que con la ayuda de otros compañeros
escondió y puco sacar del campo clichés que
luego sirvieron como prueba de los crímenes nazis.
Mas de 10.000 guerrilleros españoles bajo
la dirección del Estado Mayor de la Agrupación
participaron en la liberación de la zona libre, sin
contar los miles que lucharon en la zona norte, ni los encuadrados
en los maquis franceses, ni los resistentes que prestaron
servicios de información, documentación, puntos
de apoyo, depósitos de material. Más de 20.000
españoles participaron en los combates de la liberación
de Francia en las filas de las FFI. Unos 60.000 en la resistencia.
Muchísimos se quedaron allí. En los monumentos
a los resistentes sus nombres se mezclan con los de los
antifascistas franceses… Centenares de jefes, oficiales
y guerrilleros españoles fueron condecorados por
el gobierno francés.
Fueron muchas las alabanzas que recibieron y la merecidísima
fama de valientes, firmes y experimentados. Dice Rol-Tanguy:
“en más de 50 departamentos, desde los Pirineos
hasta la Bretaña, del Mediodía y de la Provence,
desde el valle del Ródano hasta los Alpes, del Jura
y del Saboya, desde el Macizo Central hasta la Normandía
y en la región de París, los combatientes
españoles formaron valerosas unidades de la resistencia
francesa. No hay una gran ciudad en esos departamentos,
y en primer lugar en París, que no tenga una deuda
de reconocimiento hacia esos hijos y esas hijas de España.
Sus nombres están unidos a la resistencia y
a la liberación de Toulouse y Burdeos, Nantes, Rennes,
Saint-Étienne, Lyon y Grenoble, Marsella y otras
muchas ciudades en las que España estaba presente
con sus mejores hijos.”
Desde el principio de la segunda guerra mundial hubo
españoles combatiendo el fascismo, dejándose
la vida con la Legión Extranjera en Noruega (en el
cementerio de Narvik el 90% de las tumbas tienen apellidos
españoles), o en África donde por cierto el
trato que recibieron en el norte de África por las
autoridades coloniales fue parecido cuando no peor al de
Francia. En los Regimientos de Trabajadores Extranjeros
los españoles fueron llevados a las puertas del desierto
a construir el ferrocarril; tuvieron sus campos especiales
de represión y sus torturas y castigos. El gobierno
de Vichy se cebó especialmente en los años
41 y 42 con los comunistas -por ayudar a sus camaradas argelinos-
con condenas a muerte y a trabajos forzados. Los españoles
participaron las batallas de Bir-Hakeim, Tobruk, Alamein,
Tunez, en Gabón, Kufra y el Fezzan, y después
del desembarco aliado la mayoría fueron reenviados
a Europa. Cuando por la rendición de Bélgica
los alemanes acorralaron a los aliados, los ingleses organizaron
la operación Dynamo que rescató a 300.000
hombres; 20.000 españoles cubrieron su retirada y
ellos fueron los últimos en abandonar el puerto,
2.000 consiguieron llegar a Inglaterra, donde también
los encerraron en campos de concentración. Francia
por su parte envió a unos 40.000 españoles
a realizar trabajos forzados a Alemania. Unos 26.000 españoles
fueron para la organización alemana Todt a construir
bases submarinas y fortificaciones en el Atlántico.
A la URSS fueron sin contar los niños refugiados
unos 3.500 españoles. Mas de setenta fueron condecorados
a título póstumo, algunos como héroes
de la Unión Soviética, y muchos otros en vida,
los españoles combatieron en la aviación y
en las unidades guerrilleras, a una compañía
de españoles, la 4ª, mandada por Peregrín
Pérez (otro buñolero) se le confió
la defensa de la plaza Roja en 1941, estuvieron en Leningrado,
Stalingrado y en el Cáucaso. Lucharon en Yugoeslavia.
Hubo españoles en los desembarcos de Italia y en
la Provenza francesa, en Córcega, Montecassino, Toulon,
Avignon, Montelimar, Las Cébense… y llegaron
a Estrasburgo, a los Vosgos, y a la toma de Commar
y a Berlín.
Los rojos españoles dieron mucho de sí.
A ver quién podía dudar de que se hubiesen
ganado el Estatuto de refugiado político que les
concedió Francia el 15 de marzo de 1945 para todos
aquellos que habían tenido que huir de la España
franquista. Pero ellos esperaban algo más. Muchos
de ellos habían vuelto o iban a volver poco después
a España a seguir la guerrilla. Esperaban que la
caída del fascismo internacional (a la que tanto
ellos habían contribuido) arrastrara a Franco, que
las potencias occidentales les ayudaran. Pero otra vez les
volvieron la espalda con la misma criminal hipocresía
que en 1936. Franco era para ellos menos peligroso que los
rojos y acabaron incorporándolo a las Naciones Unidas.
(De paso también en los 50 los franceses volvieron
a ilegalizar y a expulsar a los comunistas, por ejemplo,
a Argelia).
Hoy viendo en la tele las imágenes de estos
españoles, y mirando luego sus fotos una no
puede evitar un estremecimiento. Tienen tanta luz, esperanza
y vida en sus ojos y en sus caras que siguen absolutamente
vivos, aunque la mayoría desapareciese hace años.
Ese “ejército de alpargatas”, esa cuadrilla
de rojos, a veces sucios y mal afeitados, siempre provoca
emoción y una sonrisa de orgullo solidario, de admiración
y de cariño porque fueron ejército de alpargatas
¡¿y qué?! pero con un par de cojones.
En Francia después de la celebración
del desembarco de Normandía, con un olvido y desprecio
absoluto hacia los españoles (que también
estuvieron allí), esta vez, en la liberación
de París era imposible negar su presencia. Esta semana
estarán presentes en sus celebraciones, y exposiciones,
como lo están en sus monumentos desde hace 60 años
(en España ni eso, después de casi 29 años
de la muerte de Franco, incluso todavía quedan símbolos
fascistas).En Francia hay más fiesta y más
parafernalia, pero el reconocimiento sigue siendo muy cortito
y sobre todo muy sesgado. Se les olvida gran parte de la
historia, justito la más sustanciosa para nosotros.
Emociona aún así ver su recuerdo, y
ver a los poquitos que quedan vivos disfrutándolo.
Pero la máxima representación española
es el presidente del Senado. ¿Ese es el papel que
tiene que representar España en la nueva Europa?
Presidentes de Francia o de Alemania; de España el
presidente de la cámara menos representativa “y
gracias”. Los españoles de comparsa, y
para decorar alguno de los supervivientes (por cierto, a
Carmen Casas la cortan descaradamente en el canal 9 cuando
quiere reivindicar la memoria en su país). No van
a ser franceses ni alemanes los que le den a España
en Europa el trato de igualdad y el sitio que se merece.
Nunca lo han hecho totalmente, pero hace 60 años
los rojos españoles ya se lo ganaron a pulso. A ver
si algunos van teniendo un poco más de vergüenza
y van aprendiendo de su propia historia. Y de paso empiezan
también por aplicárselo en su propia casa,
que llevan unos cuántos años de retraso, hasta
de parafernalias..
M. R. Pérez Núñez
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