Avisos y mensajes.

"Aquí estarás siempre" (A la memoria de Sixto Agudo).
Maribel Ferrer. (Septiembre 2004)

A la memoria de Sixto Agudo.

 Despertó mi interés sobre este tema la lectura de un libro, después tuve la fortuna, por mi condición de concejala de cultura de Buñol en aquella época, de conocer no sólo a familiares de guerrilleros si no a algunos de los que aún quedaban.

 Reyes, hija y sobrina de guerrilleros, me comentó las jornadas que se realizaban en Argelès-sur-Mer, y no lo pensé dos veces, me fui con la compañía de las memorias de “Ovejero”, otro guerrillero de Buñol.

 Viajando hacia allí, y leyendo estas memorias, cuando mi mirada se perdía en el paisaje, pensé: qué injusticia tan grande no sólo habían hecho, si no estábamos haciendo. Allí conocí a Sixto Agudo y a su inseparable y extraordinaria familia: Sebastián, Inma y Ludo.

 La edad no le había dejado huella ni en su rostro, ni en su físico, ni en lo más importante: su mente; si no que pude contemplar a un ser que dedicó su existencia por y para la justicia, desde el principio hasta el final.

 Ventureta, Louise, Pepita, todas sufridoras del exilio, la familia de Sixto y él mismo, se encargaron de enriquecerme con sus historias y sus pensamientos. Sixto, persona sabia, inteligente imponía con autoridad sus argumentos, convenciéndote completamente, poseía un dón natural lleno de verdad y de razón.

 A él le hubiese gustado venir a Buñol, lo sé, y mucho además, no pudo ser. Te fuiste antes de honrarnos con tu presencia, te fuiste antes de llenarnos de historia, de la de verdad, de la real, de esa historia que han tratado de ocultar y que va saliendo gracias a tí y a otros tantos como tú, que se empeñaron en sacarla a la luz.

 Te volví a ver después en Corbera d´Ebre y hablamos por teléfono con cierta frecuencia... Lo último que hice fue ir al homenaje que te hacían en la fiesta del PC en Madrid después de tu muerte, allí estábamos tu hijo, tu nuera, tu nieto y tus amigos, esos que siguieron tu lucha a través de tus libros, y los que tuvimos la fortuna de haberte conocido.

 No creo que estés en ningún sitio, no creo en posturas divinas, sólo sé que aquí estarás siempre.

Maribel Ferrer.

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