Consell Valencià
de Cultura
Autor: Comissió de Promoció Cultural
Coordinador: Vicente Muñoz Puelles i Jesús
Huguet
Ple: 20 de desembre de 2004
Antecedentes
A propuesta del Sr. Muñoz Puelles, la Comisión
de Promoción Cultural empezó a interesarse
por la Conservación del Patrimonio Histórico
Militar, en relación con una serie de temas: el Museo
Militar, los cuarteles de la Alameda de Valencia, los refugios
antiaéreos y la conservación de las fortificaciones,
trincheras y otras edificaciones defensivas.
Para tratar este último tema, la Comisión
invitó a los señores Albert Girona Albuixech,
Profesor de la Universidad de Valencia y al Sr. Edelmir
Galdón, Jefe de la Sección de Difusión
Cultural de la Consellería de Cultura y estudioso
del tema. Ambos comparecientes expusieron la necesidad de
conservar el patrimonio histórico militar valenciano,
y en particular las líneas de defensa, que aunque
se hallan en relativo buen estado, permanecen expuestas
al expolio, a la degradación natural y a la expansión
urbanística. Tanto el Sr. Girona como el Sr. Galdón
aportaron documentación abundante y ofrecieron su
ayuda a cualquier iniciativa del Consell Valencià
de Cultura en este sentido.
También compareció, para exponer la situación
del Museo Histórico-Militar de Valencia su Director,
el Coronel D. Ángel M. Adán García,
que manifestó la importancia de dicho museo así
como la de su contenido, gran parte del cual corresponde
al período de la Guerra Civil Española.
A propuesta de la Comisión de Promoción Cultural,
el Sr. Huguet y el Sr. Muñoz Puelles quedaron encargados
de redactar un informe sobre la situación del patrimonio
histórico militar de la guerra civil y la importancia
de su conservación. La renovación del CVC
ha supuesto un breve retraso en la presentación del
informe, razón por la cual se hace ahora, cuando
la composición de la Comisión ha cambiado.
El informe se basa, en su mayor parte, en las aportaciones
del Sr. Girona y el Sr. Galdón, así como en
la información proporcionada por el coronal Adán.
La Guerra Civil Española
La Guerra Civil, esto es la ruptura brutal del clima de
convivencia democrática existente, es el acontecimiento
que más ha influido en la trayectoria histórica
de nuestro país durante el siglo XX. España
se convirtió en un vasto campo de pruebas, donde
intervinieron algunas de las potencias europeas que estaban
preparándose para un conflicto bélico de mayor
envergadura y se ensayaron las innovaciones que en materia
logística, estratégica y operativa habían
surgido desde la Primera Guerra Mundial.
Esta es, sin duda, una de las razones de la larga duración
del conflicto. Ambos bandos, a medida que iban recibiendo
ayuda de las potencias interesadas, se adaptaron a distintos
modos de plantear las estrategias del combate, tanto en
lo referente a los movimientos de ataque como a los planteamientos
defensivos.
Durante gran parte de la guerra, el frente permaneció
estable. Se extendía sobre miles de kilómetros
de territorio, casi siempre escarpado y de difícil
acceso. Por ello, la Guerra Civil Española puede
ser considerada como la última gran guerra en la
que la trinchera desempeñó un papel esencial.
En particular, el frente del Mediterráneo fue dotado
con un importante sistema de fortificaciones, trincheras
y otras edificaciones defensivas, que formaron la línea
XYZ, desde Almenara hasta Santa Cruz de Moya. Dicho sistema
pretendía frenar la ofensiva que se inició
sobre Valencia en la primavera de 1938.
En junio de ese año las tropas franquistas alcanzaron
la línea XYZ, donde fueron retenidas, entre otras
razones, por el inicio de la ofensiva del Ebro. Las tropas
franquistas también fortificaron sus posiciones,
por lo que cada línea de trincheras se alzó
frente a la otra.
Ambas líneas se conservan aún en gran parte,
con construcciones en relativo buen estado, allí
donde el uso agrícola o la especulación urbanística
no las han destruido.
También son reconocibles, con mayor o menor fortuna,
algunas líneas de defensa secundaria como las situadas
en los bosques de Paterna o en los alrededores de Masías
(Moncada), así como algunos puntos de defensa costera,
que subsisten pese al impacto del turismo en las playas.
Mención aparte merecen otras construcciones de carácter
urbano, como los refugios antiaéreos.
La necesidad de conservación
A lo largo de los últimos años ha aumentado
el interés por el patrimonio de la Guerra Civil Española,
acontecimiento histórico que, pese a estar presente
en la memoria de muchos, tuvo lugar hace más de sesenta
años. Es más, a medida que nos alejamos cronológicamente
de ella, parece imponerse un afán de comprensión
más científico, riguroso y global, que no
termina con el enfoque historiográfico sino que también
abarca la perspectiva patrimonial y arqueológica.
Conviene recordar que en otros países hay ejemplos
muy notables de las políticas de conservación,
excavación y conversión en museos de los espacios
de guerra: el valle de Shenandoa en los Estados Unidos;
Normandía, Verdún y el Somme en Francia; Ipres
y los campos de Flandes en Bélgica; los Museos de
la Resistencia en Italia; la Ruta del Terror de Berlín
y los campos de concentración, convertidos en museos
en toda Europa. Lejos de fomentar los rencores, la conservación
de los espacios bélicos lo que hace es recordar a
los pueblos los horrores que han compartido, y propiciar
un sentimiento de concordia y de aflicción común.
Desde hace años, Francia e Italia cuentan con una
completa y activa protección integral, que incluye
tanto medidas legales como efectos normativos, de los sistemas
y las construcciones defensivas de la II Guerra Mundial
y otros conflictos bélicos.
Este criterio conservacionista aún no se ha impuesto
en España, pese al esfuerzo del mundo académico
a la hora de implicar a las instituciones públicas.
De hecho, ni la mayoría de los principales espacios
históricos de los escenarios bélicos ni la
arquitectura bélica que se conserva cuentan con protección
legal. Tampoco se impulsan políticas decididas de
divulgación y de conversión de los escenarios
de la contienda en museos. Y se tolera el saqueo sistemático
de los restos materiales de los yacimientos arqueológicos
de los campos de batalla, que luego son vendidos en un mercado
de objetos y armas de la guerra bien conocido.
Sólo algunas comunidades autónomas y, sobre
todo, algunos ayuntamientos y entidades privadas, han comenzado
a tomar la iniciativa con propuestas interesantes de recuperación
de los entornos locales de la Guerra Civil, mediante catalogaciones,
actuaciones arqueológicas, obras de restauración
y ambiciosos planes de conversión en museos.
En esta dirección cabe valorar las iniciativas de
ayuntamientos como los de Castejón del Puente (Huesca),
Almedinilla y Luque (Córdoba), Lopera (Jaén),
Arganda del Rey y los pueblos de la Sierra de Guadarrama
(Madrid), los del Campo de Gibraltar, Martinet (Lleida),
etc.., que de forma aislada y con gran esfuerzo están
recuperando trincheras, refugios o fortines, para convertirlos
en Bienes de Interés Cultural o, en algunos casos,
con la compra de armamento de la época, para potenciar
su visita como valor patrimonial, histórico y turístico.
Dicho esfuerzo ha cobrado una mayor dimensión con
los proyectos de conversión en museos de escenarios
bélicos tan conocidos como los que nos han quedado
de las batallas del Ebro (los cinco pueblos de la comarca
tarraconense de la Terra Alta y el Centre d´Estudis
de la Batalla de l´Ebre), Brunete, Belchite, Teruel,
etc...
De todos ellos, el más interesante es el proyecto
emprendido por el Institut de Desenvolupament de les Comarques
de l´Ebre, a partir de la propuesta hecha por el Taller
de Projectes, Patrimoni i Museologia de la Universitat de
Barcelona de un Plan de Ordenación de los Espacios
Históricos y Arqueológicos de la Batalla del
Ebro. Se trata de definir les actuaciones de las distintas
administraciones interesadas en convertir el espacio de
la Batalla del Ebro en un activo patrimonial, cultural,
socioeconómico y turístico.
La situación en nuestra comunidad es bien diferente.
En primer lugar porque, aunque cuenta con un patrimonio
mueble e inmueble de la guerra muy rico (aeródromos
rurales, trincheras y bunkers, refugios antiaéreos
urbanos, fortines en zonas costeras, fábricas de
armamento, Museo Militar de Valencia, etc...), todavía
se carece de una conciencia de lo que representa su valor
histórico, patrimonial, arqueológico y económico.
Es preocupante, y hasta cierto punto incomprensible, el
olvido al que la sociedad valenciana y sus administraciones
han sometido a estos espacios de la memoria de la guerra.
Por citar un ejemplo, actualmente, como yacimientos arqueológicos,
en el listado de la Consellería de Cultura, Educación
y Deportes sólo figura documentado un grupo de trincheras
ubicadas en el término municipal de Villagordo del
Cabriel.
En los últimos años, afortunadamente, también
aquí la situación está cambiando. Cabe
destacar, sobre todo, el interés de algunos ayuntamientos
en conservar este tipo de arquitectura militar de la guerra,
especialmente los refugios. El problema es que muchas fortificaciones
se encuentran en las poblaciones del interior, zonas en
general con menos recursos económicos.
Queda, pues, mucho por hacer en materia de catalogación
e inventario, de tramitación de expedientes de BIC,
de intervenciones arqueológicas (de salvamento y
de carácter ordinario, mediante proyectos de investigación
científica subvencionada o convenios con ayuntamientos),
de denuncias de destrucción y expolio (Seprona),
de conservación y protección (restauración,
cierre, vallados, señalización, accesos),
o de planes de actuación (Servicio de Patrimonio
Arquitectónico y Medioambiental, como encargado de
la arquitectura militar histórica).
Tampoco hay que desestimar las propuestas de conversión
de los entornos patrimoniales en museos, como podría
ser el caso de la línea defensiva XYZ, situada cerca
del pueblo de El Toro, perfectamente convertible en un museo
al aire libre de la guerra, en una especie de Parque Cultural
de la Guerra Civil, desde una perspectiva educativa y divulgativa
que entiende el patrimonio como un instrumento socialmente
útil. Y es que los conjuntos patrimoniales y los
museos pueden servir no sólo como instrumentos de
transmisión de conocimientos históricos y
humanísticos, sino también como motor del
desarrollo económico y turístico de las comarcas
rurales de interior (visitas guiadas al museo al aire libre,
turismo cultural, visitas escolares, etc.). Es decir, como
factor de desarrollo del entorno.
Cualquier toma de iniciativas al respecto ha de hacerse
sobre la base de una nueva sensibilidad y del respeto hacia
el patrimonio que debe caracterizar a toda sociedad culta,
consciente de la importancia de su identidad. Y ha de servir
también como homenaje a tantos esfuerzos anónimos,
de uno y otro bando, que en medio de las difíciles
condiciones de la guerra y en un territorio tan abrupto
como el interior valenciano, levantaron esas construcciones.
Consideración legal
De acuerdo con la legislación estatal vigente, que
es la que sigue la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano,
las fortificaciones y construcciones militares y civiles
de la Guerra Civil podría ser protegidas específicamente
a partir de una interpretación generosa del Decreto
de Castillos de 1949, ampliada posteriormente a fortalezas,
edificios, casas con elementos fortificados, baluartes y
construcciones defensivas. Esta consideración permitiría
declarar estos bienes inmuebles como BIC, nivel de máxima
protección.
Otra forma de protección acorde con nuestra Ley
sería la de considerar esas construcciones como Lugar
Histórico, figura que permite un nivel de intervención
mas amplia y que obliga a agruparlas por zonas, dada su
dispersión geográfica. Este concepto también
permite incorporar elementos complementarios, como el paisajístico-natural,
lo cual ampliaría su interés y sus usos (por
ejemplo, las construcciones ubicadas en la Sierra Calderona
o en la Sierra del Toro).
Actuaciones
La protección administrativa sobre estos bienes
patrimoniales es fundamental pero insuficiente. Hay que
propiciar el interés social y el disfrute racional
de los mismos. Para ello conviene llevar a cabo una tarea
de ordenación, protección y conservación,
que exige:
1) Una actuación inventarial. Determinar dónde
se encuentran estos restos y en qué condiciones.
La tarea requiere un amplio abanico de compromisos por parte
de distintos niveles administrativos (Central, Autonómico,
Provincial, Local), así como intentar involucrar
en el compromiso a instituciones financieras, que puedan
aportar fondos. Para esta labor de inventariado puede recurrirse
en un primer momento al concurso de la Federación
Valenciana de Municipios y Provincias. A través de
ella y apelando al Acuerdo de Cooperación entre el
Consell Valencià de Cultura y la Federación
puede coordinarse una encuesta por municipios, donde queden
recogidos los bienes inmuebles de la Guerra Civil susceptibles
de ser inventariados.
2) Una intervención de asentamiento y protección
de los restos, que propicie además su accesibilidad
y señalización, tarea en la que también
debe intervenir el departamento administrativo responsable
del Medio Ambiente.
3) Propiciar los estudios de documentación histórica
de los hechos acontecidos, fundamentalmente a través
o en colaboración con el Departamento de Historia
Contemporánea de la Universidad de Valencia, a ser
posible a través de un protocolo específico
de colaboración.
4) Propiciar el turismo cultural en las zonas idóneas,
mediante la publicación de un inventario de las construcciones,
así como de guías de las áreas naturales
donde se encuentran, destacando las dos vertientes de interés:
la paisajística-natural y la histórica-documental.
5) Propiciar la creación de museos locales específicos
sobre el tema, de manera que se refuerce el carácter
de especificidad de las zonas ricas en estos inmuebles,
favoreciendo el desarrollo turístico-cultural de
las mismas. Hace años se intentó crear un
museo de la Guerra Civil en el Toro, proyecto que fracasó
por falta de apoyo institucional y financiero.
6) Atender y promover las iniciativas de las asociaciones
culturales que sirvan para estudiar y difundir ese momento
histórico.
7) Desarrollar una campaña de difusión pública
que permita potenciar el turismo escolar en las zonas afectadas
y los servicios paralelos que serían exigibles.
Para que todo esto pueda ser efectivo, convendría
considerar la creación de un organismo de ejecución
del proyecto, capaz de coordinar iniciativas y de optimizar
esfuerzos. Dicho organismo incluiría a representantes
de las instituciones implicadas. Sería útil
que el Consell Valenciá de Cultura, mediante informes
anuales, supervisara el grado de ejecución del proyecto.
Por otra parte, el Consell Valencià de Cultura podría
colaborar con la Universidad de Valencia, a través
de su Departamento de Historia Contemporánea, en
la organización del primer Simposium sobre las construcciones
militares en la Guerra Civil Española. Dicho simposium,
que debería celebrarse a nivel nacional, produciría
resultados científicos y sería rentable desde
el punto de vista de la difusión pública.
Sensibilización institucional
El Consell Valencià de Cultura podría, además,
encabezar una campaña de sensibilización de
las instituciones públicas competentes en lo que
se refiere al patrimonio militar de la Guerra Civil, fundamentalmente
la Conselleria de Cultura, Educación y Deportes y
los ayuntamientos afectados. Una institución como
la nuestra está capacitada para recabar las voluntades
y los medios necesarios para preservar estos valores arqueológicos.
EL CVC enviará este informe a la Conselleria de
Cultura, Educació i Esport, a la Federació
de Municipis i Províncies, a la Agencia Valenciana
de Turisme, a las Universitats Valencianes (Departaments
corresponents), a las Diputaciones Provinciales y a cualquier
organismo que se considere competente en la materia, Consell
Valencià de Cultura con la finalidad de que se tomen,
en la medida de lo posible, las decisiones oportunas para
la conservación de este patrimonio.
Consell Valencià de Cultura
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