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Expolio por parte del ayuntamiento de Toledo de las fosas
comunes del Patio 42 del cementerio.
enviado por Fernando Magán.
(12 de mayo de 2005)
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| En el Patio 42 es
donde están enterrados los republicanos fusilados en
la Guerra Civil en Toledo. La mayoría son de fuera
de Toledo, por lo que se ruega la máxima difusión
de este mensaje. |
BANDO Publicado
en los periódicos de la provincia de Toledo el 31
de marzo de 2005.
AYUNTAMIENTO DE TOLEDO
INFORMACIÓN PÚBLICA
La Comisión Municipal de Gobierno, en su sesión
del día 7 de marzo de 2002, ha adoptado el acuerdo,
previa declaración de urgencia, habida cuenta de
al necesidad de disponer de sepulturas para cubrir las necesidades
mínimas de la ciudad, de agrupar los enterramientos
de “caridad" situados en el tramo 42 del Cementerio
Municipal de Toledo, en dos filas de 23 sepulturas a lo
largo del lado “Este" de este tramo, quedando
el restante terreno disponible para construir unas 100 nuevas
sepulturas, que pueden concederse a los particulares que
lo soliciten, según vaya habiendo enterramientos
que hacer.
Al ser desconocidos en su gran mayoría los
familiares de los enterrados en esas sepulturas de “caridad",
se hizo público para el general conocimiento, de
conformidad con el artículo 59, apartado 4 de la
Ley 30 de 1992, de 26 de noviembre de Régimen Jurídico
de la Administraciones Públicas y del Procedimiento
Administrativo Común. (“Boletín Oficial
del Estado" de 27 de noviembre de 1992 y 14 de enero
de 1999), mediante anuncio publicado en el Boletín
Oficial de la Provincia de Toledo de fecha 4 de abril de
2002, de que se iban a trasladar los restos al lado “este"
del tramo 42.
Se han atendido las reclamaciones presentadas por
los familiares.
Ulteriormente se formuló propuesta en el sentido
de dar mayor difusión al citado acuerdo, mediante
su publicación en el Boletín Oficial de la
Provincia de Toledo, así como en los medios de comunicación
de mayor difusión en el municipio, abriendo un trámite
de información pública durante un plazo de
3 meses, para atender reclamaciones que hubiere de familiares
que residieran fuera del ámbito territorial de, órgano
que dictó los citados acuerdos.
A tal efecto se pone en conocimiento que durante
el plazo de 3 meses a partir de la publicación del
presente anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia,
los familiares de las personas enterradas en el tramo nº
42 del Cementerio Municipal “Nuestra Señora
del Sagrario" de la ciudad de Toledo, podrán
reclamar sus restos al Ayuntamiento de Toledo (Pza. Consistorio,
nº 1).
Toledo, 16 de marzo de 2005.
El concejal delegado del Cementerio,
JAVIER ALONSO CUESTA: |
Se ha abierto
un plazo de información pública durante tres
meses para que los familiares reclamen los restos, con una
difusión e información mínima en la
prensa local.
Todas las informaciones que nos han facilitado los
historiadores apuntan a que la mayoría de los soldados
republicanos que aquí combatieron procedan de diferentes
lugares del estado español, por lo que nos tememos
que finalizado el plazo, pocos sean los familiares que hayan
conocido el hecho y podido reclamar los restos.
Confiamos en que por la gravedad de los hechos, podáis
haceros eco de este asunto y se pueda difundir masivamente
para poder proceder a una exhumación digna de los
restos.
Agradeciendo de antemano vuestra colaboración,
recibid un cordial saludo. |
Adjuntamos modelos de
recursos:
— uno dirigido a familiares dirextos, -->
recurso reclamando
identificación y exhumación de los restos
— y otro, general, solicitando la --> prórroga
del plazo a seis meses así como una mayor información
y difusión.
Os agradeceriamos que extendieráis estos recursos
al máximo. |
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El olvido del... Patio
42. ¿Qué es el Patio 42?
El Patio 42 ha sido, durante décadas, el
Patio de Caridad del Cementerio de la ciudad de Toledo.
Allí se encuentran enterrados los que fueron
asesinados el mismo día que las tropas franquistas
del General Varela rompieron el cerco de ejército
republicano sobre el Alcázar. Entre el 26 de septiembre
y el 5 de octubre de 1936, el libro de registro del cementerio
se encuentra en blanco, figurando exclusivamente el número
de cadáveres enterrados en las fosas del Patio 42.
A partir de esa fecha ya se encuentran anotados en
el registro nombre y apellidos o algunas identificaciones
(color del vestido, del calzado, algún rasgo físico,
etc.) de aquellos que eran fusilados, la mayoría
tras la sentencia de unos juicios sumarísimos y fusilamientos,
provenientes de la Prisión Provincial y del Campo
de Concentración de San Bernardo (situado en las
afueras de Toledo).
La iniquidad que supone el olvido de las víctimas
de la libertad que se encuentran en el Patio 42 se ha visto
agravada recientemente. El Ayuntamiento de Toledo, lejos
de reconocer, a las víctimas, muchos de ellos vecinos
y vecinas de la ciudad, quiere comercializar con el terreno
que ocupa el Patio 42. Pretendían desocupar los restos
deshaciéndose de ellos para continuar vendiendo sepulturas. Continuaremos
removiendo conciencias, para que los actuales gobernantes,
que disfrutan de la democracia, de la libertad y de sus
cargos gracias a todos estos luchadores que dieron su vida,
hagan justicia y reconozcan toda esa generosidad que nos
legaron, en vez de volver a enterrarlos.
Fernando Magán |
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Reportaje en prensa sobre el "Patio 42".
enviado por Fernando Magán.
(9 de mayo de 2005)
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| Un reportaje entorno
al patio 42 y a una persona que desde hace años
viene luchando por la localización de los restos de
su abuelo, probablemente enterrado anónimamente en
el Patio 42 del Cementerio de Toledo. |
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La Tribuna de Talavera.
Domingo 1 de mayo de 2005.
Memoria histórica. Testimonios de familiares represaliados.
La luz de los olvidados
Santiago Castaño lleva años tras
los pasos de su abuelo, enterrado en el cementerio de Toledo
hasta 2004. Sus restos, junto a 20 cuerpos más, permanecen
en bolsas a la espera de unas pruebas de ADN.
Marta García / Toledo
El maestro Santiago Castaño, encarcelado desde
hace días en el Ayuntamiento, junto al alcalde y
otros tres jóvenes de Caleruela, bajo custodia de
un hombre anciano, olía el miedo, los fusiles y el
rumor de que tendrían que acudir a declarar a Toledo.
El maltrecho carcelero les animó a que se escaparan
y se perdieran cruzando el río Tajo mientras se hacía
el dormido... Pero los cinco de Caleruela no tenían
nada que ocultar, habían colaborado con la izquierda
y la derecha para evitar que en el pueblo se derramara la
sangre que corría en cualquier lugar de la provincia.
Así se lo dirían a un tribunal. El 16 de noviembre
de 1936 partieron al alba para Toledo, después de
que los cinco durmieran esa noche con sus familias.
Diez días después, algunos vecinos
del pueblo, que viajaron hasta Toledo para asegurarse de
que morían, trajeron de vuelta algunas pertenencias
del alcalde y una nota de despedida para la familia. Santiago
Castaño, el maestro, Julián Sánchez
Heredia, el regidor, y el joven campesino afiliado a la
FETT (Federación Española de Trabajadores
de al Tierra), Víctor Martín Sarro, murieron
fusilados el 24 de noviembre. Los otros dos capturados escaparon
con vida gracias a las influencias de sus familiares.
"Cuando nos enteramos de la ampliación
del cementerio de Toledo, empezamos a mover el tema porque
mi abuelo está allí enterrado", relata
Santiago Castaño Bellón, nieto del maestro,
uno de los muchos familiares que luchan por encontrar los
"restos mortales de personas buenas y honestas que
lucharon por unas ideas que hoy nos permiten vivir en paz".
Y reclama "que no sigan en el anonimato y perdidos
como huesos de perro". Este periodista lleva años
investigando su paradero. Gracias al registro del cementerio
supo hace tres años que sus restos mortales se escondían,
con 25 víctimas de la represión franquista,
en la fosa 48. También le contaron que algunos vecinos
de Caleruela se aseguraron el 24 de noviembre de que los
tres caían muertos a balazos. Aquel día no
se enterró a ningún fusilado. Los que llegaron
al día siguiente constan con nombres y apellidos,
mientras que el 26 de noviembre enterraron a Victoria Losada
y a otros 25 desconocidos. Y su razón cobra peso
puesto que algunos historiadores sostienen que los represaliados
permanecían hacinados en las calles durante horas
o incluso días para que la ciudadanía escarmentara,
echara a temblar, viera la sangre chorreando calle abajo
y supiera el alcance de la represión.
Santiago tiene hasta el 23 de junio para reclamar
los restos de su abuelo paterno. El plazo que le ha marcado
el Ayuntamiento. Según lo publicado en el Boletín
Oficial de la Provincia (BOP), los familiares tienen la
oportunidad de resucitar parte de la historia enterrada
en el cementerio, olvidada y, en muchos casos, oculta todavía
en la memoria de muchos. Sin embargo, el anuncio se refiere
a los enterrados en el tramo 42, conocido como el Patio
de al Caridad. No hay referencia a otras fosas del cementerio,
a pesar de que historiadores y familiares conocen la existencia
de otras tantas desperdigadas en la tierra. Tampoco se explica
los pasos a seguir para realizar la reclamación.
Castaño no está dispuesto a que la
historia y los restos del maestro continúen olvidados.
Desde hace tres años, llama a las puertas de las
instituciones pidiendo ayuda para conocer cuáles
de los más de veinte cadáveres que exhumaron
en marzo de 2004 gracias a su insistencia y a la de Enemesia
Sarro, hija del alcalde, cuando "tuvimos noticias de
que estaban removiendo las fosas y trasladándolas
al osario", son los de Castaño y Sarro. Entonces
solicitaron que los restos de la fosa 48 no se revolvieran
con el resto o fueran a parar a un contenedor "porque
podría dificultar cualquier tipo de investigación
en caso de que existiera ayuda por parte de algún
organismo". El periodista solicitó que se separaran
los restos que yacían allí y el encargado
del cementerio no puso objeciones. desde esa fecha "están
depositados en bolsas" más de una veintena de
cadáveres a la espera de que instituciones y administraciones
colaboren y puedan costear unas pruebas de ADN. Cada una
cuesta más de 3.000 euros.
De momento, continúa esperando a que el Ayuntamiento
responda a sus escritos y que la Defensora del Pueblo de
Castilla-La Mancha —a la que remitió una carta
en mayo de 2004— le pida mayor implicación
"porque me contestó que el Ayntamiento está
siguiendo los trámites para atender la petición
de los familiares". Y mira de reojo la historia del
periodista Emilio Silva, que consiguió exhumar los
resto sde 14 fusilados de la fosa de Priaranza (León)
en 2002 y que la Universidad de Granada financiara las pruebas
de ADN. Otros olvidados asoman a la luz por orden judicial.
El maestro del pueblo.
"Estuve en el Archivo Histórico Nacional
para estudiar la Causa General. Entonces averigüé
que ni mi abuelo ni el alcalde tenían las manos manchadas
de sangre. Al revés, habían evitado su derramamiento
durante los primeros días de la sublevación
de Franco", relata Santiago. Le han contado muchas
veces del maestro, que cuando estalló la guerra no
ejercía en Caleruela pero estaba pasando una temporada
en el pueblo, que escondió un par de días
al cura en el sótano de su casa.
Caleruela, de 400 habitantes en el 36, fue uno de
los pocos municipios en los que no se produjeron asesinatos
durante los tres primeros meses de la Guerra Civil. Todos
los vecinos se unieron para evitar muertes, expolios, quemas
de iglesias y terror. El alcalde consiguió cerrar
bajo llave los objetos de culto en el salón de plenos
del Ayuntamiento. La izquierda y la derecha crearon un comité
de subsistencia para abastecer a los vecinos en caso de
necesidad y una "guardia permanente", donde se
turnaban los afines a uno u otro color. Una medida tomada
a petición de los patronos para evitar que se cometieran
crímenes y ocupar así a los obreros, que se
habían quedado sin sus trabajos. Esta información
se desprende de un escrito que redactó el maestro
durante los días de su encierro en el Ayuntamiento
para que los nacionales supieran la paz de este pueblo desde
el 18 de julio al 29 de agosto, día que las tropas
franquistas toman Caleruela.
La calma continuó en el pueblo hasta noviembre,
cuando se recrudeció la represión y comenzaron
las depuraciones de maestros y de todas las personas "amigas"
de la República. "La gente tuvo miedo porque
las noticias que llegaban desde Toledo es que los nacionales
no iban a tener piedad, que se cargaría como perros
a cualquier colaborador de los republicanos... y vendieron
a los cinco". A pesar de que a fianles del 36 ya obraban
los tribunales militares el maestro, el alcalde y el campesino
terminaron hacinados entre la masa de gente que aguardaba
su muerte en la prisión provincial, sin perjuicio
previo.
Santiago guarda en una estantería varios volúmenes
con ordenanzas municipales. Quizá su abuelo era uno
de los pocos vecinos de Caleruela que entendía de
leyes, leía las cartas de los que eran analfabetos,
enseñaba a firmar a los aspirantes a guardia civiles,
uno de los requisitos a la hora de encasquetarse el tricornio...
Anécdotas que conoce después de investigar
muchos años. "Mi padre no hablaba del tema,
le habían enseñado a callar y a enterrar la
memoria de los fusilados", pero su nieto se ha empeñado
en que sus restos descansen en paz.
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| "Quien olía
un poco a izquierdas lo mataban". Florencio Soto Marín
murió de un tiro en la nuca el 20 de junio de 1940.
El mismo día fusilaron también a 11 personas
más. Lo único que ha logrado saber su nieto
Tomás es que sus restos están enterrados en
el cementerio municipal de Toledo, en el tramo 42, donde
descansan los restos mortales de otros muchos represaliados
que murieron poco después de terminar la Guerra Civil.
Solían fusilarlos en la tapia del cementerio.
Su nieto echa la vista atrás y mira con recelo
los tiempos de la represión. "Mi abuelo era
de izquierdas, el presidente del Comité en Añover
de Tajo, pero nunca cogió nada que no fuera suyo",
recuerda. Tampoco entiende porque fue el único vecino
del pueblo que murió fusilado tras permanecer un
año en la cárcel de San Bernardo, que durante
los primeros meses de la Guerra Civil fue un hospital de
campaña republicano y pronto de convirtió
en uno de los edificios más emblemáticos de
los nacionales en Toledo.
Su abuela iba a verle a la cárcel, después
de llegar a pie desde Añover de Tajo. "Mi abuelo
se enteró el mismo día de que lo iban a fusilar
y escribió dos cartas de despedida para la familia",
cuenta Tomás. Cree que no pasó por un tribunal
militar antes de ser fusilado. Y enseguida se apresura:
"Nunca hizo nada malo. Incluso un día salvó
a un cura que querían matar". Aunque al poco
tiempo murió de un disparo en Aranjuez.
Tomás reclamará los restos de Florencio,
pescador y jornalero, al Ayuntamiento. Ya lo intenté
una vez, cuando IU empezó a remover el tema para
que las víctimas de la represión franquista
tuvieran una sepultura digna. No le conoció, pero
su familia le ha mantenido vivo en su memoria. Y ahora,
después de 65 años bajo tierra con lo puesto,
busca rendirle un homenaje y enterrarle junto a los suyos. |
El testimonio
de una exhumación en el "Patio 42"
La familia Navarro rescató los restos de
dos fusilados. Descansan en una tumba digna.
Marta García / Toledo
"Nosotros hemos tenido la suerte de poder darles
una sepultura digna". Mariano Navarro es uno de los
pocos familiares de un represaliado de la Guerra Civil que
consiguió que se exhumaran los restos de mortales
de su abuelo, ambos fusilados meses después de la
liberación del Alcázar, en mayo de 1937.
La historia y el drama de esta familia es compartido
por muchas otras que saben que los restos mortales se hacinan
revueltos en el "Patio 42", conocido popularmente
como el Patio de la Caridad, y están a la espera
de que el ayuntamiento colabore para exhumar los cadáveres
o rinda un homenaje y celebre un entierro decente para todos.
Su historia.
"Mi abuela le llevaba todos los días
a su marido y a su cuñado algo de comer a la cárcel,
pero uno de los centinelas le avisó una mañana
de que se los habían llevado para fusilarlos".
Al conocer la noticia, fue al cementerio y el sepulturero
le indicó dónde acababan de enterrarlos, "sin
caja ni nada", comenta Mariano.
Su familia conocía el sitio exacto donde yacían
los cadáveres en el "Patio 42", junto a
centenares de represaliados y restos humanos enterrados
de caridad en esa fosa, e intentó varias veces que
los exhumaran para enterrarlos con el resto de familiares
en una ubicación más digna del cementerio,
pero no lo lograron porque "decían que no se
podía tocar el cuerpo de los demás familiares",
recuerda.
Pasaron los años "y un día mi
tía fue visitar la fosa y se encontró con
que estaban removiendo la tierra, sacando cuerpos y volcándolos
en un contenedor para trasladarlos a otro sitio". Y
llegó su oportunidad de reclamarlos una vez más.
"Mi tía sabía el lugar exacto donde reposaban
los restos. Los habían enterrado ordenados unos encima
de otros y mi abuelo y mi tío abuelo eran los que
yacían más abajo".
Cuando consiguieron exhumar los cuerpos, solicitaron
al Ayuntamiento su colaboración para practicarles
las pruebas de ADN, pero no hizo falta. "Recordamos
que mi tío tenía un diente montado en la mandíbula,
así que conseguimos descubrir quiénes eran
y pudimos darles una sepultura digna". A pesar de que
fue imposible comprobar a ciencia cierta si eran su abuelo
y su tío abuelo, los desenterraron del olvido. Pero
hay una imagen que Mariano no olvida: "He visto como
sacaban de la fosa los restos revueltos". |
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mensaje, aviso o convocatoria:

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