| Sinopsis
de la Filmoteca Doré |
La
mala muerte
(José Manuel Martín y Fidel Cordero,
2005).
Documental. España. Vídeo. 101'
Sala 2 Con la presencia de los directores de la película,
Rafael Torres (escritor), Mirta Nuñez (historiadora)
y Alberto Jiliberto (psicoanalista).
A través de una introducción y ocho
capítulos con diferentes núcleos temáticos,
tomando como epicentro las recientes exhumaciones
de los asesinados del año 1936 en la retaguardia
franquista, se reflexiona acerca de los motivos, las
consecuencias, el silencio y los residuos actuales
que han envuelto estos hechos que parecen tan lejanos.
Paralelamente se narra la búsqueda de fosas
en el campo castellano, el desenterramiento de los
cuerpos y la posterior inhumación en sus lugares
de origen. |
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RECUPERAR LA HISTORIA.
Estos comentarios son a propósito del documental
La Mala Muerte, exhibido ayer, 7 de julio de 2005, en la
Filmoteca de Madrid, en abierto y dirigido por Fidel Cordero
y José Manuel Martín. La película de
una hora y tres cuartos de duración, está
realizada como tantos otros documentales de este tipo, es
decir con entrevistas a los testigos orales, a Asociaciones,
a Historiadores, a Periodistas-Escritores. Los autores al
comienzo agradecieron a los promotores la subvención
que ha permitido realizar este documento. Y en verdad, eso
si que se nota. La longitud del metraje, el doblaje, la
limpieza del sonido, es decir la técnica avanzada,
no desmerece y aún mejora otros documentales vistos,
en los que el sonido directo o la rapidez de las secuencias,
posiblemente por la pobreza de medios, no permitían
explayarse más.
Pero la técnica no es todo. El documento trata
mayoritariamente de la apertura de las fosas de fusilados
por los franquistas en las carreteras, sin juicio, sin justificación,
de Castilla y León, (entonces se llamaba Castilla
La Vieja). Las imágenes del hallazgo de las víctimas,
a medida que los colaboradores de las distintas Asociaciones
van trabajando, son impresionantes. Estas imágenes
se apoyan con los comentarios variados de historiadores,
responsables de las asociaciones, de algún alcalde,
de algún escritor.
Al afrontar la recuperación de la Memoria
Histórica, no hay que olvidar el apellido, es decir
lo de “Histórica”. Es verdad que en el
documento se habla de fascistas, de víctmas, de malos
y buenos (quizás esto en demasía, repetido
2 ó 3 veces), de envidias, de mal-quereres. Justificamos
estas expresiones en las gentes llanas del pueblo o pueblos,
familiares de los desaparecidos buscados. Creo injustificable
que esto no se desarrolle por los responsables de las búsquedas,
por los responsables de Universidades y de estamentos, municipios,
comunidades, etc. Y lo creo injustificable, porque así,
el producto final, el documento, que se queja del miedo
que hay a reflotar la Memoria, cae en el mismo error, en
el miedo a ser político, en el miedo a ser claros,
a reflejar una postura política. No se atreve a hacer
un análisis histórico serio de lo que ocurrió
y por qué ocurrió. Sólo escuché
y en no más de 20 segundos, a Jose María Pedreño,
que no vuelve a salir más en el documento, responsable
principal del Foro por la Memoria, decir con una lucidez
manifiesta algo parecido a: “Lo que ocurrió
en los pueblos fue consecuencia de la lucha de clases”.
Ni más ni menos, ni menos ni más.
Buscar rencillas, envidias, la borrachera de los
falangistas que iban a realizar las sacas, o lo malvado
que era el terrateniente, sólo sirve para elevar
el tinte dramático. Lo que realmente, históricamente,
existió es que en España en el 1936, había
dos clases enfrentadas, en ebullición. La clase oligárquica
asociada con el fascismo, los militares rebeldes africanistas
y la iglesia oficial, y, por otro lado, los obreros, intelectuales
y campesinos. Y una República, república de
trabajadores, como se reconocía en la Constitución
de 1931, que intentaba democráticamente, mediante
la Ley Agraria, las leyes de laicidad, de la enseñanza,
de la expulsión de congregaciones religiosas asociadas
a la oligarquía, etc. elevar el nivel cultural del
país, huyendo de la miseria campesina, fomentada
por terratenientes y caciques. Y un proletariado, que desde
1917, miraba a unos países que habían conseguido
extirpar las oligarquías clásicas, creando
unos estados socialistas. Pero sólo por pensar que
la Revolución era la solución, la Revolución
no llega. De hecho el Partido Comunista durante la guerra
civil se arrimó a la democracia tradicional buscando
el ganar la guerra, y apartándose de quienes (anarquistas,
socialistas de izquierda y poumistas) querían llegar
antes a los cambios, vía colectivizaciones.
Primero Mola, y después Franco lo vieron claro.
El peligro era la otra clase y quienes la amparaban. Estos
últimos, poetas, novelistas, autores teatrales, maestros,
catedráticos, había que eliminarlos sin piedad.
A los más incultos, a los analfabetos, también,
pero eran menos peligrosos. ¿Por qué eran
menos peligrosos? Porque dónde se llevó a
cabo la mayor represión, sin juicios, con listas
negras, con sacas de las cárceles, con campos de
concentración, no había ya guerra. La mayor
represión del 36 y 37 se llevó a cabo en zonas
como Castilla la Vieja (la nacional, que se había
unido desde el primer momento), Galicia, y Extremadura y
Andalucía Occidental, que resistieron muy poco. Es
decir dónde no hubo frentes. Salvo Badajoz, que resistió,
pero luego al acabar la resistencia la masacre fue peor,
3.000 muertos en 24 horas, ¡más que Pinochet,
en toda su dictadura, en que se estiman 3.000 desaparecidos!.
Entonces, el por qué está claro, la clase
diferente, y la estrategia, fomentar el terror. Mola hablaba
que el 10% de la población de cada pueblo había
que fusilarla, para causar el terror en el resto, y para
no dejar enemigos atrás. Pero si no se conseguía
matar al que se buscaba, maestro, secretario del ayuntamiento,
lider sindicalista de la UGT, CNT, militantes de partidos,
desde republicanos hasta comunistas, o simplemente ateos,
señalados por los curas, entonces para llegar a esas
cifras, (producto de listas negras, en poder de la Guardia
Civil, el falangista de turno, el cura párroco, el
terrateniente…) se echaba mano de familiares, amigos
o conocidos de los buscados. Hay que fijarse muy bien en
lo dicho, quiénes buscaban, la clase explotadora,
oligárquica, y quienes vivían de ella, y a
quiénes se buscaba, a los campesinos, trabajadores,
e intelectuales que no tragaban con la explotación
de los primeros. La historia de la humanidad, es la historia
de la lucha de clases, decía Marx y decía
verdad. Lo único que cambia es el modo de exponerlo.
Decía Emilio Silva en una de las intervenciones
de la película, que habían optado por enseñar
los restos machacados por las balas, cabeza con tiros en
la nuca, etc., para ofrecer un testimonio a la Memoria.
Estoy de acuerdo, pero llego a más lejos. ¿Por
qué se pega un tiro en la nuca?. Y ésta es
la contestación que el documento no dá. ¿La
envidia?. He conocido en mi vida varios pueblos, con gente
muy envidiosa y no he visto nunca que fueran pegando tiros
en la nuca a la gente. ¿El ser malqueridos?. La misma
respuesta anterior. Ni siquiera por la carencia de armas.
Cuántas veces con una escopeta de caza o un cuchillo
se puede matar a un vecino. Sin embargo no se suele hacer.
Luego no parece que las rencillas ciudadanas sean el motivo.
El odio, pues sólo el odio, tampoco. Durante toda
la dictadura se ha odiado a Franco y su camarilla y no ha
sido suficiente para echarlo. El motivo real y verdadero,
el motivo histórico, era que una clase, la clase
explotada, había tomado conciencia de sí misma.
Estaba acabándose el caciquismo, estaba acabándose
la superstición religiosa, estaba acabándose
la explotación de los hombres del campo y de la fábrica.
Es decir la clase explotada había dicho basta. Y
si se hubiera ganado la guerra al fascismo, hubiera sido
como en Francia cuando se ganó al nazismo, o en Italia
o Gran Bretaña. Una subida espectacular en el nivel
cultural, humano, una subida en el nivel económico
y un nivel democrático saliéndose de las manos
del fascismo oligárquico. Los ricos y poderosos tenían
que hacer muchas concesiones, y no estaban dispuestos a
hacerlas. Esa es la causa y no otra, de los tiros en la
nuca. Cuanto antes y con total impunidad. Y esto llega hasta
hoy. Por eso se rasgan las vestiduras cuando abríamos
una fosa y por eso debemos decir por qué la abrimos:
es decir las causas políticas para conocer y difundir
la verdad Histórica. No la Memoria, sino la Memoria
Histórica.
Y en el documental no se mencionan partidos, no se
mencionan apenas nombres, no se hace referencia histórica,
sino social y familiar. Es más cuando se habla de
un comunista, primero se dice que era de uno de los partidos
”monárquicos”, confundiéndolo
todo. Es decir se pasa de puntillas por el fondo de la cuestión.
El documento recoge el entierro de víctimas en un
cementerio acompañados por ¡el cura!. Habría
que haber dicho: los mismos que los mataron, vienen ahora
a enterrarlos. ¡Por favor!. ¡Qué respeto
a los muertos, muertos ateos, muertos comunistas, muertos
anarquistas, muertos socialistas, de UGT, de FAI, de CNT,
de POUM, de izquierda republicana, de otros pequeños
partidos laicos y ateos.!. Esto hay que decirlo por que
quién vé el documento y no lo ha vivido, ni
siquiera la dictadura (la sala estaba llena de jóvenes
de menos de 30 años), no sabe lo que representaba
un cura en un pueblo en el 1936.
Por ello por lo que calla el documento, más
que por lo que muestra, es por lo que está sin maquillar.
Es como una cerveza sin alcohol, o una cola sin cafeína,
ligth. Por eso no salí satisfecho. Lo mejor, y tiene
muchas cosas buenas, la participación de jóvenes,
en las entrevistas, en los actos, en la dirección
del documental, y en la sala. Que yo recuerde es la primera
vez que veo un documental de este tipo comprando entrada
en taquilla. Lo normal ha sido verlo en actos restringidos
o en cadenas nocturnas y lejanas de TV, sin avisar. Quiero
animar a los creadores, dicéndoles que estamos a
su lado y que en la tarea de recuperación tienen
que contarnos con todo detalle lo que ha pasado en este
país, durante tantos años de silencio y de
derrota.
No sé si he sido un poco duro en mis apreciaciones
críticas, pero en Historia, hay que ser claro y el
no serlo da sensación de miedo, de complicidad con
el vencedor, de falta de profundidad, y hay que elevar el
testimonio de los caídos, de las víctimas,
por encima del entorno social y familiar y dejar constancia
política, que precisamente por ello cayeron, sin
olvidar que detrás de cada acto político hay
una persona y un testimonio humano. Los que cayeron fusilados,
o sufrimos cárcel y/o exilio, lo fuimos por nuestras
ideas, por republicanos, por ser del otro lado, contra el
que se levantaron los rebeldes precisamente por eso, por
ser republicanos, y esto hay que hacerlo constar en paredes,
monolitos, lápidas, tumbas, monumentos, para honor
y memoria histórica de los que en el futuro pasen
y lo vean.
No fueron rencillas que terminaron con ajustes de
cuentas. Se mató hasta la extenuación. Un
tal periodista, que participa en el documental, hablaba
de hasta 300.000 represariados, no sólo fusilados,
sino fallecidos en campos y hospitales por enfermedades
derivadas de la guerra, entre ellas por hambre, derivado
de la persecución fascista.
Por eso, cuando veo una lápida con un NO OS
OLVIDAMOS y un cura echando un responso, pienso, “¿Qué
burla es esta?”. No os olvidamos ¡por haber
sido asesinados, por ser injustamente tratados, por defender
la libertad y la justicia, por haber estado del lado de
la II República!. Y esto hay que decirlo si se quiere
recuperar la Historia.
Antonio Cruz González. |