| La Vicepresidenta
descendió a los infiernos y su rostro puso el technicolor
que faltaba en la negritud de la foto. Su atavío,
de cazadora y pañuelo al cuello, muy propio para
un safari entre negros, le daba un aire como de exploradora
en una película de Tarzán.
Se acercó a curiosear por el lado externo
de la jaula, pero los negros, sin asustarse, sonrieron de
oreja a oreja dejando ver sus dientes, blancos como pulpa
de coco (F. Bens).
Pobres negros; fue al día siguiente, esposados
de dos en dos en el autobús que los devolvía
a Marruecos, cuando se dieron cuenta de cómo las
gastaba la entrañable abuelita que, mientras les
visitaba, ya había decidido ponerlos de patitas al
otro lado. Es de una crueldad infinita entregar a Marruecos
a esos muchachos que después de tantas penalidades,
al fin consiguieron pasar, y además ha constituido
una grave violación de sus derechos. Si durante meses
y años han permanecido esos miles de subsaharianos
en la frontera ha sido por que a Marruecos le ha interesado;
eran indispensables para su política de presión
a España. Han sido capaces de vivir en unas condiciones
terribles con la esperanza de poder beneficiarse de unas
normas, que se estaban aplicando en ese tiempo, las cuales
les permitían quedarse si conseguían pasar
a este lado, lo que constituía un tremendo acicate
para intentarlo por todos los medios.
Cuando por fin lo consiguieron, esas eran las normas
que regían y no un pacto con Marruecos que, si bien
se acordó en el 92, después de esa fecha ha
habido tantos cambios en la política migratoria española
que lo dejan totalmente sin efecto. Entre otros cambios,
ha habido hasta dos gobiernos diferentes. Y con criterios
totalmente diferentes en la política migratoria.
Ha sido este Gobierno, con su política demagógica
y oportunista, el que ha creado un peligroso efecto llamada
cuyas consecuencias son esas concentraciones humanas. Recuerdo
que, al poco de llegar al poder, los del PP embarcaron en
un avión a unos muchachos y los entregaron a un país
al que, al parecer, habían pagado para que se los
quedaran. La que se armó fue de órdago.
Lo que han hecho ahora los socialistas, los mismos
que protestaron en aquella ocasión por lo que hizo
el PP, es mucho más grave. Los socialistas los han
entregado a un país en el que está legalizada
la pena de muerte, un país en el que se sabe que
no se respetan los derechos humanos, que la tortura es una
práctica habitual y que la vida de las personas no
les preocupa en absoluto. Como se está viendo estos
días.
Los guardias del primo (o tío, o lo que sea)
Mohamed han dado toda clase de seguridades de que les propinarán
un trato justo. Palabras que, más que el aire para
respirar, necesitaba la Vicepresidenta para tranquilizar
su conciencia ¡con su maleta cargada de títulos
y llegar a Vicepresidenta para esto!
Ni los disparos efectuados contra los muchachos encaramados
a la vallas, que provocaron la muerte de dos de ellos, y
de cuya muerte los marroquíes culpaban a la Guardia
Civil, ni la posterior muerte de otros seis, han servido
para hacer dudar a la Vicepresidenta de las promesas sobre
el trato humanitario que dispensarán los marroquíes
a los refugiados entregados por ella.
Tampoco le hacen dudar el hecho de soltarlos a quinientos
kilómetros al sur en pleno desierto; ni el cinismo
con que niegan las evidencias puestas en claro por Médicos
sin Fronteras con fotografías incluidas.
(Mientras escribo este artículo leo en la
prensa que se ha armado tal escandalera internacional que
se han visto obligados rectificar por ahora sólo
a medias tan desastrosa e inhumana medida.)
Hace unos días, el Ministro de Justicia de
Marruecos desmentía la veracidad de unas fotografías
que han circulado por los ordenadores de todo el mundo.
Fotografías, sacadas clandestinamente, de la cárcel
Negra de El Aaiun donde tenían hacinados a cientos
de saharauis. Enseguida se apresuraron a cambiarle la cara
a la prisión repartiendo los presos por las cárceles
del país y baldeando y enluciendo sus paredes con
vistas a la próxima visita de una comisión
de periodistas que, con autorización del mando, iban
a constatar la falsedad de tales fotografías.
Al supuesto autor de las fotos lo tienen en una celda
de aislamiento y al padre también. Pero el Ministro
ya ha puesto en claro que todo era un montaje, y si no,
que lo digan los periodistas que han visitado la prisión
y han podido comprobar lo reluciente que les ha quedado.
Este incansable Ministro de desmentidos, también
nos ha aclarado que la huelga de treinta y siete saharauis
seguida durante cincuenta días, era otro montaje.
El Ministro descubrió el fraude y lo comunicó
a su estilo: era una huelga de mentira pues, si no, se hubieran
muerto. Lo que no dijo es qué hacían con los
detenidos, en los períodos en que entraban en coma,
para evitar que se les muriesen dentro de la cárcel.
Este intelectual Ministro, ha hecho una esplendorosa
aportación a la doctrina del derecho político
al informarnos de que los saharauis, en contra de lo que
se ha propalado por ahí, no eran presos políticos
sino presos de opinión. Lo cual, además de
sonar a broma, constituye un reconocimiento explicito de
que en Marruecos no existe el derecho a la libre opinión
(Artículo 19 de la Declaración Universal de
los derechos humanos)
Y llegados a esta punto yo me pregunto, dónde
se esconden todas esas personas que tantas veces han disimulado
los desmanes y atrocidades que se cometen en ese país
y que siempre han rebotado nuestras acusaciones, recriminándonos
por no reconocer los grandes avances que se estaban dando
hacia una democratización del Régimen. Algo
deberían decir Moratinos, Trinidad Jiménez,
y demás compañeros.
Tampoco, este explícito reconocimiento de
déficit democrático es impedimento para que
los responsables de la política exterior del PSOE,
y algunos otros socialistas, no todos, sigan empeñados
en obligar al pueblo saharaui a vivir bajo el yugo de esa
anacrónica, estúpida y cruel dictadura medieval.
Mucha gente se pregunta cual ha sido el precio que
ha tenido que pagar el Gobierno Español para que
Marruecos se haya prestado a aflojar de momento la presión
sobre Ceuta y Melilla, Pero a cualquiera que tenga presente
que el día 31 de este mes se revisa en la ONU el
caso del Sahara, las dudas se le despejan fácilmente;
lo veremos.
La política exterior de Marruecos tiene dos
objetivos principales; apoderarse definitivamente del Sahara
y conseguir que España les ceda Ceuta, Melilla y
los peñones.
En el año 2001, retiraron su embajador de
España y, después de acusar a la prensa de
que no les trataban con el debido respeto, el fracaso de
las negociaciones de pesca y otras absurdas disculpas, terminaron
por confesar que lo que les había molestado era que
España no hubiese apoyado en la ONU"El acuerdo
Marco"; una resolución por la cual el Sahara
se convertiría en un autonomía dentro de Marruecos;
lo que supondría la imposibilidad para los saharauis
de ser independientes.
Después de esto, nos montaron el número
de Perejil que tenía una función doble; por
una parte los pelotas del régimen quisieron hacer
un regalo al Sultán el día de su boda y por
otra, era una forma de coaccionar al Gobierno español
para que no votara otra vez a favor de los saharauis en
la próxima resolución que se votaría
al poco tiempo.
En esta ocasión las intenciones son las mismas
que todos estos años atrás: Dar la lata lo
más posible a ver si llegamos a la conclusión
de que no merece la pena conservar las dos ciudades autonómicas
o, lo que de momento más les gustaría, que
España a cambio de no crearnos más conflictos
les apoye en el asunto del Sahara.
A cualquiera se le ocurre pensar que si Marruecos
consigue quedarse definitivamente con el Sahara las dos
ciudades caerían inmediatamente. Como se puede ver
lo tienen muy bien programado, en cualquier caso siempre
ganan.
Al Gobierno español sólo le queda una
salida inteligente y digna: firmeza.
Por eso uno casi no se atreva a hacerse la siguiente
pregunta:
¿SE HA COMPROMETIDO YA EL GOBIERNO CON MARRUECOS
EN NO APOYAR UN REFERENDO DE AUTODETERMINACION QUE IMPLIQUE
EL DERECHO A LA INDEPENDENCIA DEL SAHARA?
Francisco Javier Perote.
|