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tenía yo seis o siete añitos, recuerdo como
esa palabra mágica me producía curiosidad,
sí, era curioso para mí ver como mi abuela,
mi madre, vecinos, conocidos, y alguna que otra persona
mayor, cuando esta palabra se pronunciaba en la casa me
decían “niño corre a ...” yo a
las dos o tres veces de escuchar aquello entendí
que allí se hablaba de cosas interesante de mayores.
Y a mi eso me ponía y como bien podía metía
la oreja y me las apañaba para empaparme de todo.
Entonces no entendía una papa de lo que decían
y sobre todo no entendía el que temiesen tanto el
ser escuchados en aquellas charlas, y no entendía
el porque para contar esas cosas se tienen que esconder,
“pues valla tontería”, ahora a los cincuenta
años de aquellas escuchas ilegales, cuando ya no
están ni mi abuela, ni mi madre, ni aquellos vecinos
y amigos, recuerdo con emoción aquellas charlas que
para mi hoy tienen un valor incalculable, y por tanto pongo
en pie una y otra vez dando gracias a su compromiso y generosidad.
Eran personas sin formación académica:
agricultores, campesinos, braceros andaluces, la mayoría
sin saber leer ni escribir; pero con cuanto cariño
hablaban de la república, con cuanta complicidad
recordaban medidas cercanas a ellos, la educación
que les robaron, la relación en el trabajo, las libertades
que traían. No encontraba la palabra exacta para
catalogar a estas personas, hasta hace días encontré
que eran gentes preñadas de futuro y de libertad.
Eso es exactamente lo que me supone la palabra república
y así la defiendo, lo tengo claro, la república
de izquierdas, es exactamente el futuro, lo nuevo, la forma
más igualitaria de gestionar, más cercana
al pueblo, a los ciudadanos, es la utopía realizable,
el sueño cercenado por el liberalismo económico
mundial.
Esa es la diferencia de como se entiende en el medio
rural la diferencia entre aquella ilusión colectiva
de principios de los años treinta y lo que de aquello
quedó, en los difíciles años cuarenta
y cincuenta en los pequeños pueblos y ámbitos
rurales, y la cultura de “nuevos ricos” que
se ha implantado en estos lugares, potenciada o auspiciada
por ideales vacíos de la nueva cultura global.
Creo que esa es la memoria que hay que recuperar,
el valor humano, el valor colectivo, la ilusión del
devenir, el respeto a esos ciudadanos preñados de
futuro que se adelantan a su época, sin que por ello
sean tildados de locos radicales, la educación como
el valor máximo, la libre elección de vivir
en la libertad con igualdad entre pueblos. Y para ello se
ha de recuperar la memoria, dignificando a dos figuras clave
en aquel ideal de pueblos y gentes: los Maestros de Escuelas
Rurales y los Zapateros Remendones, instalados en los cuchitriles
de las casas de vecinos, se puede comprobar como el franquismo
se cebó especialmente con ambos gremios, sobre todo
con el gremio de los maestros a los que mató con
los fusiles pero también con hambre y deshonor.
Sólo es preciso para defender esos ideales
que supusieron la venida de la república, repasar
los logros conseguidos en sólo unos años de
vida, en la educación, la escuela de Ferrer Guardia,
la política social, los derechos en el trabajo y
relaciones laborales, aun hoy no superado, el papel relevante
de los mayores, la protección y derecho de los menores,
etc...
Esos datos están ahí al alcance del
que los quiera usar, con ellos podemos asegurar y defender
de manera clara que la república, no es el pasado
arcaico, y sí aquello que a mi abuela le hacía
brillar sus ojillos cada vez que la nombraba, ¡¡República!!,
Dignidad de personas, ilusión de futuro, herramienta
para construir un mundo en paz, armonía, y sobre
todo, libertad en igualdad.
Mi pequeño homenaje con cariño a los
ciudadanos de aquella república mutilada, que supieron
aguantar el hambre del estomago y del corazón, guardando
los sentimientos y la ilusión de aquellos pocos meses
vividos en república, para trasmitirlo a los que
tuvimos la dicha y suerte de escucharlo de sus bocas.
Antonio Criado Barbero.
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